domingo, 12 de abril de 2009

PARACAS, LA GRAN AVENTURA DE LA VELA


Jueves 25 de Agosto, 11 am. En el Yatch Club de La Punta se empieza a sentir un movimiento inusual para un día de semana. Una docena de veleros se aprestan a partir hacia el sur para la esperada Copa Paracas. Aprovechando que el martes 30 es feriado, día de Santa Rosa de Lima, las regatas se realizarán los días sábado 27, domingo 28 y lunes 29, para retornar al Callao el feriado. Todos los competidores deben tener sus embarcaciones en la bahía de Paracas el viernes y les espera un día entero de navegación. Hoy y mañana son días laborables y a la mayoría de nuestros compañeros de tripulación se nos ha hecho imposible acompañar a Tato, capitán del Counterpoint, para transladar el velero. Claudia decide acompañarlo y me ha dejado su camioneta para que yo la maneje hasta Paracas el viernes después de salir de mi trabajo y el martes regresar por tierra.

A la una de la tarde zarparon y entre los dos deberán turnarse el timón durante cerca de 20 horas contínuas de navegación. A las 6 de la tarde timbra mi celular. Es Claudia desde el velero. Están a mas de 10 millas al oeste de Pucusana y se siente muy mal. Ha vomitado tanto que siente síntomas de deshidratación y las manos se le empiezan a acalambrar. Mientras Tato cambia el rumbo y se acerca a Pucusana me pide por teléfono que les de el alcance para sustituir a Claudia. Mientras tanto yo estoy terminando mi trabajo del jueves y coordinando el traslado de citas y asuntos pendientes hasta el próximo miércoles. Luego debo preparar mi ropa de navegar, llevar algo de comida y bebida y recoger al hermano de Claudia para que la traiga de regreso a Lima pues ella no cree estar en condiciones de manejar sola desde Pucusana hasta Lima.

Son 8 y 30 pm cuando encontramos a Tato y Claudia esperándonos en un restaurant cercano a la plaza de Pucusana. Ella se siente mejor desde que pisó tierra firme. El saludo y despedida son muy rápidos. Llevamos 2 horas de retraso y no podemos tardar mas pues llegar en la tarde ó en la noche a Paracas con fuerte viento en contra es muy complicado. A las 9 en punto Tato y yo ya estamos navegando y apenas nos alejamos un poco de la tranquila bahía de Pucusana, empieza el bamboleo. El mar está un poco movido y la noche muy oscura. Nos alejamos un poco de la costa para librarnos de pequeñas embarcaciones pesqueras y sus redes antes de retomar el rumbo hacia el sur. Apenas fijamos el rumbo hacia paracas se nos abrió el apetito y dimos cuenta de una deliciosa palta mientras nos deslizamos sobre las olas a seis nudos de velocidad.

Estamos entretenidos durante la noche identificando cada uno de los balnearios a lo largo de la costa, por sus luces, cerros é islas. A la altura de Bujama y Asia el oleaje se hace mas acentuado é irregular y el velero se encabrita un poco. A pesar de que tomé una pastilla para prevenir el mareo, la noche tan oscura y el mar movido me hicieron perder el sentido del horizonte y no pude librarme de las náuseas, pero cerca del amanecer ya estaba totalmente repuesto y antes del mediodía del viernes, con viento moderado anclamos en la hermosa bahía de Paracas que ya se encuentra adornada con la presencia de varios veleros que esperan el inicio de la competencia.

Desde el Gitano, su hermoso velero clásico, Oscar Velarde nos pasa la voz. Está almorzando acompañado por mi primo Jaime Monge y nos dice:
-¡Estoy sirviendo una lasagna de berenjena recién salida del horno! ¡Envío una lancha a recogerlos!
...¡Y con el hambre que tenemos! Imposible negarse. Subimos de un brinco a la pequeña lancha Zodiac y al momento estábamos disfrutando de la deliciosa lasagna y una copa de buen vino en la cubierta del Gitano. La camaradería y los buenos amigos son un ingrediente muy importante en estas competencias.

La mamá de Claudia, Maki y su esposo Javier, viven todo el año en Paracas y han acogido generosamente a la tripulación del Counterpoint en su casa. Alrededor de la piscina tiene tres bungalows, y cada uno tiene 2 camas camarotes y un baño. Junto al portón de entrada, a un lado de los bungalows, hay una sala de estar con mesa de juego, bar, radio y baño privado que me servirá de suite. Lo que parece una deferencia especial hacia mí, en realidad es la única forma de evitar que moleste con mis ronquidos al resto de la tripulación.

Para no abusar de la hospitalidad de nuestros anfitriones, entre todos hemos comprado víveres y para la primera noche, viernes, pusimos en la parrilla un buen corte de bife angosto, chorizos, pechugas y alitas de pollo. Soy el parrillero del Counterpoint y ante la ausencia de Charlie Bravo, lo estoy reemplazando como barman. ¡¡Cómo te extrañamos Charlie!! Un buen vino y una agradable tertulia ¡y a dormir temprano!. Mañana nos espera la primera regata, una travesía por las Islas Chincha y las Islas Ballestas con doce veleros en competencia. El viento promete soplar con fuerza.

Es mediodía del sábado y la bahía se ve espectacular con tantas velas desplegadas. El viento del sur ha llenado la bahía. Se espera que aumente su fuerza por la tarde... y partimos rumbo a las Islas Chincha. Los veleros Huracán, Lakemanda, Papyrus, Sestri y Counterpoint tomamos la delantera seguidos por Gitano, Melissa, Pahuac, Sonnnenuhr, Ccolla, Albatros y Tramonto.

El viento seguía aumentando a mas de 20 nudos. Detrás de las Islas Chincha algunas ráfagas superan los 30 nudos y nos escoran la nave hasta el límite, obligándonos a soltar las velas. El oleaje aumentó mojando la cubierta y también a los tripulantes. Una fuerte ráfaga nos inclinó tanto que el timón salió del agua y el velero se entornilló contra el viento haciendo un viraje inesperado; un broach violento que nos obligó a reaccionar con rapidez soltando velas para recuperar estabilidad, virar 360° y recuperar el rumbo. En proa, Luis y Carlos recibían primero el viento y las olas, Jaime estaba feliz con tanta adrenalina, Maki, que competía con nosotros por primera vez, disfrutaba la aventura creyendo que la situación era normal, mientras Ana María, que no se reponía del susto por la dificultad de cambiar de posición en los virajes, empezó a pensar en sus hijos que la esperaban bañándose en la piscina sin sospechar lo que pasaba fuera de la bahía. En ese momento una segunda ráfaga nos vuelve a entornillar. Un resbalón en la cubierta mojada, inclinada a 50 grados, impidió que Ana María cambiara de borda a tiempo en el repentino viraje pero logró subir a duras penas con ayuda. Empapada, mareada, asustada y sollozando, continuó la travesía recibiendo nuestro aliento y el de su esposo Coqui.

Mientras tanto el Huracán y el Sestri iban quedando rezagados sin poder mantener nuestro rumbo. Huracán rompió la doble guía de genoa quedándose sin poder maniobrar ni cambiar las velas de proa. Sestri rompió las dos genoas chicas y con vientos tan fuertes fue imposible utilizar una grande. Tramonto rompió el cable del timón. Los tres tuvieron que abandonar.

En el Counterpoint nuestra genoa se empezó a desgarrar pero la enrollamos hasta la mitad, soltamos íntegramente el carro de la escota de la vela mayor y así la nave se hizo mas gobernable. Al llegar a las Islas Ballestas, solo Lakemanda y Papyrus seguían delante nuestro y el viento seguía amenazando con romper nuestra genoa. La enrollamos algo mas hasta dejarla pequeñita y seguimos navegando con velocidad de regreso a la bahía.

A pocos metros de la llegada, todos hacíamos contrapeso en una banda cuando una fuerte y sorpresiva ráfaga nos inclinó hasta el límite. Coqui soltó la genoa y no le dio tiempo a soltar la vela mayor. Yo me estaba deslizando hacia abajo tratando de alcanzar la escota casi en el agua cuando otro tripulante resbaló y me cayó en la espalda empujándome contra la baranda. Tato me sujetó de la casaca con una mano impidiendo que yo caiga al mar, mientras timoneaba con la otra mano tratando de impedir otra entornillada. Así, casi en el agua y sujetado por la espalda, pude soltar la vela mayor, el velero recuperó su estabilidad y llegamos. Tras Lakemanda y Papyrus, llegamos mojados pero emocionados por haber podido culminar la primera competencia a pesar de las condiciones tan difíciles. Llegó también Gitano con excelente tiempo y tras él, llegaron muy apretados, Pahuac, Sonnenuhr, Melissa, Albatros y Ccolla demostrando su buena preparación.

El domingo 28 el viento fuerte del sur se definió desde la mañana. Claudia se reincorporó a nuestra tripulación. Partimos en un recorrido dentro de la bahía, de 5 piernas entre la boya de barlovento y la boya de sotavento. El viento se mantuvo entre 20 y 25 nudos. Partimos muy bien ubicados y tras una buena primera pierna, cerca de la primera boya de barlovento, fuimos desventados por otro velero y tuvimos que hacer un viraje adicional para superar la boya. La potencia del viento hacía flamear la genoa tan fuerte que se enganchó en la cruceta y se rasgó. La relinga de la vela quedó atracada en las crucetas impidiendo que la bajemos para cambiarla y nos obligó a abandonar la regata. El velero Sestri rompió el cable del timón y corrió la misma suerte que nosotros. Los demás llegaron con gran esfuerzo.

Llegamos a casa inesperadamente temprano por causa de la avería así que mientras prendía el carbón de la parrilla y ante la ausencia de nuestro barman titular Charlie Bravo, me dediqué a preparar un Pisco Sour con una receta que mi hijo Fernando me estaba dictando por teléfono. Quedó muy rico así que los que no tienen su propia receta tomen nota: Licuar 3 medidas de pisco, 2 medidas de jarabe de goma, 1 medida de jugo de limón, 1 medida de clara de huevo y bastante hielo . En cada copa agregar 2 gotas de amargo de angostura. ¡¡¡ SALUD ¡!!

Esa misma noche en el Yatch Club de Paracas, la Asociación de Veleros Oceánicos ofreció un cocktail y una parrillada antes de la premiación de la travesía a las islas y como adivina, Ana Teresa de Balbuena del comité organizador me preguntó delante de mis compañeros: Roberto ¿sabes preparar Pisco Sour? Carlos Durand que ya había probado el que preparé en el almuerzo me animaba a aceptar, ofreciéndome su ayuda para exprimir los limones, pero al llegar al bar nos esperaban junto a la licuadora, varias damajuanas de pisco, el limón ya exprimido, una jarra repleta de claras de huevo, el jarabe de goma, el amargo de angostura y el hielo. Nuestra receta fue un éxito y pasamos varias ruedas de Pisco Sour hasta que se agotó.

Lunes 29. Antes de la última regata barlovento-sotavento en la bahía, se ha programado una competencia de remo auspiciada por UNIKAYAK. El ganador se lleva el kayak. Cada velero puede presentar a su remero. Jaime Bryce es el remero del Counterpoint. Hay que partir de la orilla, llegar hasta un velero anclado frente al muelle del club, bordearlo y regresar a playa. Jaime, con gran ritmo de palada, gana la competencia de punta a punta y se llevó su kayak. La tripulación del Counterpoint se está luciendo con el remo y con la vela, en el mar, en la parrilla y en el bar.
Se acerca la hora de la partida y hay menos viento que ayer pero con 10 a 12 nudos la regata empieza interesante. A media regata el viento se puso a la cuadra y algunos veleros izaron su spinaker. Cautelosamente nos mantuvimos solo con la genoa pues el viento empezó a levantar a 15 nudos y luego a 20 con algunas ráfagas aún mas fuertes. La competencia fue emocionante de principio a fin y hemos vivido en Paracas la gran aventura de la vela.

Travesía y travesuras Junio del 2005

La invitación para la regata de Junio suena atractiva para los veleristas. Un amplio recorrido de mas de 60 millas náuticas con rumbos muy variados y luna llena. Una nutrida reunión de capitanes augura una interesante competencia. Son 17 veleros inscritos para la regata nocturna listos para partir de La Punta hacia los bajos del Camotal y virar hacia el sur junto a la isla San Lorenzo rumbo a Chorrillos y desde allí virar casi en redondo hacia el noroeste para bordear el islote Palominos y dirigirnos hacia las islas de Ancón, al noreste bordear la Isla Grande y retornar a La Punta.

El año pasado en el Counterpoint navegamos este recorrido en casi 17 horas y llegamos a Lima a almorzar. Es viernes 24 de Junio; son las 8:00 de la noche y aunque el cielo nublado no deja aparecer la luna llena, el viento está aumentando su fuerza anima a los navegantes. Se da la partida para los veleros mas antiguos y menos veloces. Treinta minutos mas tarde partimos el resto de veleros algo mas modernos. El velero Mai Hai cruzó la línea de partida primero pero antes de la señal y tuvo que regresar a regañadientes por orden del juez de regata dejándonos el camino mas limpio. Tato, nuestro capitán, está al timón.

Pasamos cerca de los bajos del Camotal sin dejar ni un segundo de observar el medidor de profundidad. En la anterior travesía con marea mas baja raspamos fondo con el quillote y luego de una brusca frenada salimos al pasar la ola y pudimos continuar. En otra ocasión, el velero Hawk , el más grande y de mayor calado de la flota peruana de competencia, se acercó demasiado a los bajos y se quedó encallado. Tuvo que prender su motor é inclinar su nave para poder salir y quedó descalificado. Esta vez la marea está mas alta pero está sumamente oscuro y estos bajos que separan la amplia bahía de Chorrillos con la del Callao, cambian de lugar pues reciben olas de ambos lados. Cuando la corriente y las olas del sur están mas fuertes, los bajos se mueven hacia el norte cerca de nuestro rumbo.

La profundidad empezó a aumentar. Pasó el peligro de los bajos y seguimos directo hacia la isla San Lorenzo. El viento no está muy fuerte pero pegado a la isla el viento sopla generalmente con más fuerza y muy cerca de sus orillas viramos hacia el sur. Antes de dirigirnos a Chorrillos debemos pasar por detrás de Peña Horadada, un islote sin faro frente a las costas del distrito de San Miguel. Se nos hace difícil divisarlo y la que brilla por su ausencia es la esperada luna llena. Aunque sabemos que nuestro rumbo es el correcto, el islote no se ve y no debemos acercarnos demasiado pues las rocas generan mucha corriente contraria y las olas que rebotan en ellas hacen mas lenta y difícil la navegación. Al poner la proa hacia Chorrillos divisamos la peña que interrumpe con su lúgubre silueta las luces de la costa. Estamos en la altura adecuada para pasar sin problemas. Divisamos la luz de los mástiles de un grupo de veleros muy cautos que se fueron demasiado hacia mar aumentando la distancia a recorrer. Otro grupo viene mas cerca de tierra y deberán hacer un viraje para bordear por detrás la Peña Horadada. Nuestra ruta es la más corta y nos vamos adelantando. La oscuridad le da a los islotes un aspecto tétrico. Cuando el acostumbrado cielo gris de Lima nos ha regalado la rara oportunidad de navegar con luna llena despejada, el espectáculo es bellísimo. Se aprecian las aves y los lobos marinos que descansan en las rocas, la fosforescencia de las olas del mar, los delfines que se acerca a los veleros a velocidad de torpedos y que cruzan por la proa ó sumergiéndose rápidamente pasan por debajo del casco y las filas de gaviotas que descansan flotando en el mar. Hoy no tenemos esa suerte.
Antes de llegar a Chorrillos hemos dado alcance a varios veleros que partieron en el primer grupo. La boya de viraje está frente al muelle del Club de Regatas Lima que luce totalmente iluminado. Es hora de enrumbar al noroeste hacia el islote Palominos, izar el spinaker y alejarnos de la costa. Luis, Jaime y Carlos Durand maniobran en la proa con la ayuda de Jean Pierre que regatea por primera vez. Renzo y Coqui manejan la escota y la braza del spinaker para inflarlo con rapidez. La maniobra salió bien y una vez estabilizado el rumbo todos vuelven a su lugar. Y es hora de cambio de turno de la tripulación. Tato se va a descansar y yo quedo al timón. El viento sigue soplando moderadamente y seguimos alcanzando al resto de veleros del primer grupo. Aunque seguimos adelante en nuestra categoría somos cuatro los veleros cercanos en la pelea. Por momentos el viento cambia bruscamente de dirección y baja su fuerza obligándonos a ajustar velas y rumbo, pero en poco tiempo se recupera. A medida que nos alejamos de la bahía de Chorrillos, el mar se torna mas movido y los tumbos mas altos pues ya no tenemos la protección del Morro Solar ni de la isla San Lorenzo. Hay que contrarrestar permanentemente con el timón el efecto del tumbo que se dirige hacia la costa y nos empuja en diagonal. Renzo y Coqui no descuidan un segundo el ajuste del spinaker.

Llegamos al islote Palomino –detrás de San Lorenzo- como a la una de la madrugada, tratando de no pegarnos mucho a él pues el viento está disminuyendo y el islote funciona como una pared que corta el aire del sur. Si caemos detrás del islote podemos quedarnos sin viento así que mantenemos nuestro rumbo al noroeste un tiempo más. Es hora de cambio de turno y de entregar el timón. Tato retoma el mando y yo me voy a dormir un rato. Estoy rendido pues los dos días anteriores y el mismo día de la competencia tuve bastante trabajo y pocas horas de sueño. Pero antes, Claudia y Ana María me ofrecen una lasagna recién salida del horno de la nueva cocina a gas que está de estreno. Los tripulantes nos hemos repartido la responsabilidad de los víveres. Jaime se ha encargado del ron y del hielo, Luis y Jean Pierre del jamón, del queso y del pan. Carlos del Vodka y el jugo de naranja, Coqui de las bebidas gaseosas, Renzo del Whiskey y yo de las sopas instantáneas, los snacks y la mantequilla. Ahora que repaso ¡cuánto trago hay en este velero! ¡Con razón queremos volver a subir a pesar de estas gélidas y húmedas madrugadas en el mar!

La temperatura ha bajado bastante pero estamos bien abrigados por dentro y por fuera. Debajo del uniforme de nuestro equipo que ya es abrigador, yo llevo un pantalón de tela polar y bajo mi gorra náutica llevo un chullo de lana que me cubre hasta las orejas. Con mi chalina de alpaca cubriéndome la cara me quedé profundamente dormido en la cubierta. Cuando abro los ojos ya esta amaneciendo. Son las cinco de la mañana y estamos flotando en medio de una bruma espesa, bamboleándonos sin avanzar en medio de una calma total. Durante mis cuatro horas de sueño deberíamos estar cerca de Ancón pero no es así. El clima nos ha hecho una travesura. El viento desapareció de golpe mientras yo dormía y seguimos detrás de la isla San Lorenzo sin sobrepasar el cabezo norte. Coqui y Tato se están alternando el timón pues esta calma adormece. Muchos veleros han desertado ante la prolongada calma y han informado por radio que regresan a motor a La Punta, pero los cuatro que quedamos estamos muy juntos flotando en la niebla tratando de mantener la proa en el rumbo adecuado.

Podemos aprovechar la inactividad náutica para desayunar sin apremios. Tenemos biscochitos, sandwichs de jamón y queso, jugo de naranja y café hirviendo pues la cocina funciona de maravillas. Terminamos el desayuno y el velero solo avanza movido por las olas y la corriente que va hacia el sur. El viento sigue sin aparecer mientras el mar nos hace otra travesura y se empieza a tornar movido. El mástil se bambolea y las velas pasan de un lado a otro sin control obligándonos a fijar sus escotas. La veleta gira en círculos, el balanceo del bote continúa, a algunos nos causa mareos y náuseas hasta que el desayuno termina en el mar.

Recién a las ocho de la mañana aparecen las primeras brisas, el velero se estabiliza un poco, ya podemos gobernarlo, empezamos a alejarnos de la isla San Lorenzo lentamente y sentimos que nos vuelve el alma al cuerpo. ¡Que bien me siento con el bote estable y después de vomitar! ¡La brisa me da en la cara y hasta estoy recuperando el apetito! .
Pero el viento es aún muy suave y la hora estimada para llegar a la Isla Grande de Ancón es pasadas las dos de la tarde. Sin embargo el velero Hawk, de Javier Arribas, moderno, liviano y con gran área de vela, con la primera brisa se adelantó rápidamente y desapareció de nuestra vista. El Papirus de Alfonso Bringas, moderno racer más pequeño que el Hawk, pero de la misma generación, generalmente es mas veloz que el Counterpoint, sin embargo no logra despegarse y junto con el Sestri de José Luis Canessa, un Hunter mejorado, continuamos los tres muy cerca.

Felizmente trajimos suficiente comida pues las horas van pasando y con las islas de Ancón a la vista a todos se les abrió el apetito. Hace bastante frío y nos caen de perillas las sopas Wantan instantáneas en vaso de teknopor. Ponemos el agua hirviendo dentro del vaso, lo tapamos por tres minutos y listo...a saborear. Estamos tan recuperados que hasta nos hemos tomado fotos todos sonrientes. Bordeamos las islas de Ancón y ya estamos de regreso pasando frente a la Playa de la Marina luego de haber perdido un poco de velocidad tras unos islotes. Los otros dos veleros que quedan se nos han adelantado un poco. El Sestri ha hecho una gran regata pues es mas pequeño que nosotros. El Papirus está delante pero considerando su rendimiento habitual está muy retrasado.

Son las 5 de la tarde del sábado. Ya estamos frente al balneario de Santa Rosa cuando una nueva travesura del viento nos detuvo otra vez. Nuestra hora de llegada es cada vez mas incierta. Coqui y Ana María tienen hijos chicos y organizan a su ama a través de su teléfono celular. El viento ha disminuido tanto que avanzamos a menos de una milla por hora. Según el nuevo cálculo, si el viento se mantiene así, podríamos llegar al Callao al día siguiente a las 8 de la mañana. Con los vientos promedio hacemos el mismo recorrido en tres horas y ahora podemos tardar 14. ¡Paciencia! Todavía tenemos bebidas, snacks, fruta y un resto de lasagna.
¡Esperemos un poco más! Pero empezó a oscurecer, seguimos parados y tenemos que atravesar la costa de Ventanilla que en días como este tiene la mayor calma de todas. El velero empezó a retroceder con la corriente y las olas acercándonos hacia la playa. Aunque aún no hay peligro, la niebla continúa y no augura que el viento mejore. No queda mas remedio que abandonar y prender el motor. Después de tanto esfuerzo tuvimos que anunciar por radio ¡Counterpoint abandona!

Definitivamente no es nuestro día porque prendimos el motor y enrumbamos hacia La Punta y apenas salimos de la calma chicha de Ventanilla cuando la cabina se empieza a llenar de humo. Tato está adentro. Apagamos el motor y empezamos a llamarlo temiendo que el humo lo intoxique. Decidimos entrar a sacarlo cuando aparece su cabeza entre el humo y dice: no se preocupen, es vapor de agua. Se rompió una manguera de enfriamiento del motor. Esta vez era el motor el que nos hacía travesuras. Creo que está celoso del nuevo horno y quiere demostrar que también calienta.
Pero mientras Tato buscaba una manguera de repuesto y estudiaba como reparar la avería, mágicamente apareció el viento frente a las costas de La Pampilla y el aeropuerto. Un viento franco, decidido, invariable que nos llevó hasta el puerto en un dos por tres. Para nosotros ya era tarde pues habíamos abandonado. De los 17 que partimos, solo tres veleros completaron la regata. Así es el mar y así es el viento. Otra vez será.

LO QUE EL VIENTO NO QUISO LLEVARSE Junio 2002


La invitación del Yatch Club Peruano para la regata anual en su sede de Paracas los días 29 y 30 de Junio nos llenó de entusiasmo. En esta época en que Lima se torna gris por la niebla y la garúa, nos agrada salir a buscar un poco de sol y buen viento en la península. Contábamos además con un ingrediente adicional: un confraterno desayuno dominical en el hotel, muy madrugador por cierto, para ver por televisión la final del mundial de fútbol. Con estos alicientes, la convocatoria logró reunir a las tripulaciones de once veleros oceánicos y algunos familiares; más de cien personas en total.

Cuando los vientos del sur que soplan sobre el mar de Ica se encuentran bruscamente con la península de Paracas y la atraviesan subiendo sobre sus lomas para volver a bajar sobre el mar de la bahía, se produce un fenómeno de aceleración del viento muy común en la zona, conocido como “paraca” que cuando coincide con una regata de veleros le imprime un alto grado de emoción. La gran velocidad que logran las embarcaciones obliga a los tripulantes a utilizar toda su pericia en cada maniobra para evitar roturas en las velas y en los aparejos é inclusive volcaduras y naufragios.

El sábado 29 amaneció un poco nublado con una suave brisa procedente del norte que no lograba hacer flamear la bandera del muelle pero alrededor de las once de la mañana el sol amenazaba con salir, aumentó la luminosidad y el viento empezó a cambiar de rumbo viniendo desde el oeste, lo que animó al juez de regatas a colocar la boya de partida é iniciar la cuenta regresiva. Si el sol aparecía con mas fuerza y el viento continuaba cambiando de rumbo hasta venir del Sur se podía garantizar una emocionante competencia.

Al mediodía se dió la partida. El recorrido consistía en salir de Paracas hacia el noroeste rumbo a las islas Chincha, bordearlas y continuar hacia el suroeste hasta las islas Ballestas famosas por su variada fauna de aves, peces y lobos marinos y regresar a la bahía. Se puso como hora límite de llegada las 8.00 pm.. Si alguna embarcación llegaba después de esa hora, lo cual era insospechable, quedaría descalificada. Con el viento de mediana intensidad de la partida, podíamos estimar un tiempo máximo de 5 ó 6 horas para completar el recorrido, pero esperando el viento fuerte de la tarde podríamos tardar mucho menos.

Para nosotros, los de la tripulación del Counterpoint, la emoción era grande porque estábamos de estreno. Por fin podíamos utilizar la tan esperada nueva vela mayor y justo a tiempo pues la antigua se estaba desintegrando por el exceso de uso y había perdido forma con los continuos parches y costuras de refuerzo. El viento no aumentaba pero la nueva vela se comportaba con eficiencia permitiéndonos mantenernos bien ubicados en el primer tramo. Al verla bien formada, nuestro capitán Eduardo Heinrich, normalmente abstemio preguntó: ¿Dónde está el ron? emulando a Carlos Bravo, uno de nuestros compañeros de tripulación, esta vez ausente, y propietario del famoso velero J-24 Sunsplash, varias veces Campeón Nacional. Según Carlos, su velero siempre campeonaba porque nunca faltó el ron, su mas preciado combustible. Ante tan inesperado pedido decidimos bautizar la vela con un buen ron de Jamaica y callé mi pensamiento: Si ganamos la competencia bautizaremos también al Capitán, como es de rigor, lanzándolo al agua al llegar.

El velero Hawk, el más grande y veloz en competencia fue el primero en bordear las islas Chincha, luego nosotros en ardua lucha por el segundo lugar con dos veleros gemelos muy marineros, Tunante y Tormento. El resto de la flota venía mas rezagada cuando nosotros terminamos de bordear en forma muy ceñida la primera de las islas cuando el viento lejos de aumentar como esperábamos, simplemente desapareció y nos quedamos bamboleándonos toda la tarde. Cambiando las velas gruesas por otras mas delgadas logramos alejarnos lentamente de las rocas y el oleaje y decidimos esperar. En nuestra costa, cuando el viento norte se detiene y aparece una calma chicha es porque se viene el viento sur con fuerza. ¡Paciencia! ¡Cuando aparezca el ventarrón llegaremos a Paracas casi volando!
Aprovechamos la calma para servirnos un variado refrigerio y empezó a caer la noche. El cielo completamente despejado mostraba todas sus estrellas. Nos concentramos en la Cruz del Sur. Por allí aparecería el viento. Todavía hay tiempo- nos repetíamos- dándonos ánimos para no abandonar la regata y prender el motor. Pero el viento no daba signos de su existencia. Pensamos en Cristóbal Colón en una calma así con los marineros amotinándose por escasez de víveres y agua fresca, sin refrigerador ni conservas,, sin motor, radio ni radar, ¡y sin GPS revolucionario instrumento conectado a varios satélites que nos indica permanentemente nuestra posición en el mapa, nuestro rumbo, velocidad y tiempo estimado de llegada.. De repente la radio nos sacó abruptamente de nuestras divagaciones: El velero Hawk a cuya tripulación imaginábamos ya tomando lonche en Paracas, anunciaba su retiro por falta de viento. No había podido llegar a las Islas Ballestas y le sería imposible llegar antes de las 8 pm. la hora límite. Una a una todas las naves fueron anunciando su abandono. Extrañamente el símbolo de Paracas, el que le dio su nombre a la península, nunca apareció; esta vez EL VIENTO NO SE LLEVÓ NADA. La bahía estaba inmóvil, con todos los veleros anclados y las luces del balneario reflejadas sobre el agua como un espejo. En esa impresionante quietud, apenas unas cuantas gaviotas en vuelo nos hacían notar que no era un cuadro o una fotografía.

AVENTURA NOCTURNA 30 de Noviembre del 2003

Mi trabajo fuera de Lima, los alimentos fuera de casa y problemas intestinales fuera de control, me impidieron participar en la regata de veleros cruceros, clase internacional el viernes 21 entre el Callao, Isla Grande de Ancón é Islote Pelado de Chancay, así que cuando mi amigo Carlos Durand me llamó para competir en su velero J-24 Mata Hari el viernes 28, insertándonos en la categoría cruceros nacionales, acepté de inmediato para sacarme el clavo. Éramos conscientes que nuestro J-24 sería el mas pequeño é incómodo de todos los veleros inscritos y que con vientos fuertes y mar movido estaríamos en seria desventaja pero estas condiciones no son las comunes en la costa limeña.

La tripulación completa es de cinco personas para un J-24 (24 pies de eslora es decir como 7.5 mts de largo). Es un casco muy marinero, estable y veloz para competencias en bahía y travesías cortas pero si el mar y el viento crecen demasiado, este velerito baja mucho su rendimiento en comparación con nuestros ocasionales competidores, todos veleros cruceros oceánicos de 35, 40 y hasta 60 pies de eslora.

Llegamos el viernes a las 6 pm al Yatch Club de La Punta a tiempo para la inscripción. La partida sería a las 8 pm en punto pero dos de nuestros tripulantes nos avisaron que por motivos de trabajo no podrían ser de la partida. Quedamos solo tres para gobernar timón y tres velas y hacer turnos pues la travesía dura normalmente 12 horas ó mas. Navegaríamos toda la noche, Julio, Carlos y yo. Julio es el marinero encargado a tiempo parcial del velero Mata Hari, pero también de otro velero más grande y tiene gran experiencia en el mar.

Varias botellas de Gatorade, algunos paquetes de galletas y unos sandwichs de pollo eran todos nuestros víveres. El viento está suave y el mar calmo. Esto nos favorece.

A último minuto Julio no nos puede acompañar. Su jefe titular ha decidido navegar esa noche. Carlos me mira y me dice : “Nos quedamos solos. Tu decides ¿partimos?”
A mi que para navegar soy un poco irresponsable, si me hacen esa pregunta, la respuesta era obvia: “Un rato tu al timón y yo a las velas y cuando nos de sueño cambiamos de puesto para despejarnos un poco”.
Tanta ilusión de competir y llegar hasta el Callao que la opción de abandonar no iba conmigo.

Partimos izando solo la vela mayor separándonos de los veleros muy grandes. Apenas tuvimos una ruta limpia de veleros, barcos anclados y boyas, subí el spinaker y empezamos a correr. Ante la falta de tripulación decidimos trazar una ruta fácil y con pocas maniobras y cerca de la costa, por seguridad. Tomamos rumbo de empopada hacia La Pampilla solo tres veleros, El Gitano –el más grande de los Clásicos, de casi 18 mts de largo- y el Mahogany, más moderno pero más pequeño con 11 mts y nosotros, los enanos de 7.50 mts. Todos los demás enrumbaron mar adentro a buscar vientos mas fuertes.

Las luces de navegación, la de la veleta y la de la brújula se apagaron. Revisamos la batería y tiene carga. Los fusibles aparentan estar bien. Imposible revisar toda la línea de cables sin detener la embarcación. Felizmente tenemos una potente linterna para señales. Tenemos que utilizarla en toda la ruta para verificar rumbo, veleta y ajuste de las velas. Por cierto, el radio tampoco funciona sin energía y no tenemos uno a pilas, pero en caso de emergencia, mi teléfono celular si tiene cobertura hasta las islas.

Un enorme barco que llega cargado de contenedores hace sonar su sirena avisándonos que está en el canal de ingreso al puerto. Ilumino nuestras velas en señal de respuesta. El viento ha aumentado y nos ayuda a terminar de cruzar el canal rápidamente antes que el barco pase. La mayoría de competidores que venían detrás nuestro prefirieron desviarse antes de cruzar el canal y dejar pasar al barco primero lo cual aumentó considerablemente nuestra ventaja. El Mahogany quedó detrás nuestro y el viento arremolinado que le deja nuestra vela lo obliga a cambiar de rumbo. Decidió pegarse bien a la playa, junto al aeropuerto y lo perdemos de vista entre las luces de bolicheras, aviones y edificios. Miramos hacia el oeste y tampoco divisamos a los demás veleros cuyas luces de navegación se confunden con las de los barcos pescadores de pota. Nosotros mantenemos el globo del spinaker bien inflado y nuestro rumbo invariable hacia la refinería de La Pampilla en cuyo cerro se divisa la enorme llamarada de su quemador de gases y que nos sirve como referencia en tierra para mantener el rumbo.

Llegamos a la playa de la Pampilla y tenemos que virar y enrumbamos hacia Isla Grande. Este viraje sin tripulación completa es complicado pues el timonel poco puede ayudar. El debe mantener un rumbo perfecto con el viento en popa para que el globo del spinaker no se desinfle mientras yo corro hacia proa y cambio el tangón que la sujeta de un lado y lo engancho en el lado contrario. Luego regreso corriendo a mi lugar para ajustar la posición de la escota y la braza que son los cabos que gobiernan la posición de esta vela. La maniobra salió muy bien y no perdimos ni rumbo ni velocidad. Ahora me toca timonear y Carlos gobernará la vela hasta las Islas de Ancón.

Estamos a la altura de Ventanilla y no sabemos como le ha ido con el viento a parte de la flota que escogió rumbo por mar adentro; solo divisamos las luces de dos veleros delante nuestro. Uno es el Gitano. El otro aún no sabemos pues vino entrando desde el oeste hacia la costa entre la bruma baja causada por la humedad y se puso delante de nosotros. No puede ser el Mahogany pues al pegarse demasiado a la costa se fue retrasando con el oleaje.

Estamos llegando a las islas de Ancón a la medianoche y aquí sacamos ventaja de nuestro pequeño calado pegándonos bien a la isla. El Gitano y el velero no identificado han tenido que abrirse mucho para no correr riesgo de encallar. Hay poquísima luna y en la oscuridad los debe asaltar el temor y la inseguridad. Nosotros también estamos nerviosos pero Carlos y yo somos anconeros y hemos recorrido estas islas desde la niñez, de día y de noche, con sol ó con niebla cerrada. Carlos volvió a tomar el timón y yo cambié de velas. Es primera vez que hago ese trabajo yo solo y para remate a oscuras Al terminar de bordear la Isla Grande debemos navegar casi contra el viento, lo mas ceñido posible para hacer la ruta mas corta de regreso al Callao, así que guardé el spinaker que sirve para navegar viento en popa y puse la Genoa, que sirve para ceñir, es decir, navegar casi contra el viento, en zigzag hasta La Punta.

Estábamos tan pegados a la isla que corrí hacia proa con la linterna para alumbrar las rocas y asegurarme que no hubieran escollos al frente. La oscuridad era total. Ya no había luna y la humedad de la madrugada aumentaba la bruma.

Estaba tan concentrado en mis maniobras que no me di cuenta en que momento dejamos atrás a los dos veleros cercanos. Tampoco sabemos cuantos veleros han reportado su paso por Isla Grande pues nuestra radio no funciona, pero adelantar a dos veleros mucho mas grandes que nuestro pequeño J-24 nos llena de emoción y la adrenalina nos hace seguir navegando sin descanso. Las galletas continúan en su empaque y solo hemos tomado una botella de Gatorade cada uno.

Definimos el rumbo, ajustamos la nueva vela al viento y aseguré su escota en la mordaza. La vela Genoa no requiere ajustes continuos así que recién ahora podremos descansar un poco por turnos. Dormité un poco sentado y recostando la cabeza en el barandal. Me puse un segundo abrigo encima é intente dormir echado sobre cubierta pero el movimiento constante contra las olas me empezó a marear así que me volví a sentar. A pesar del movimiento, de la incomodidad y del frío, logré descansar un poco y relevar a Carlos en el timón. El durmió poco pero mas profundamente y solo se despertó al oir el ruido de las velas flameando cuando yo me quedé dormido al timón y perdí el rumbo. Tuvo que relevarme y por suerte se mantuvo despierto hasta las 4 de la madrugada. Mientras tanto yo pude descansar un poco y retomar el timón.

El velero no identificado nos había recuperado distancia y lo distinguimos bien pegado hacia la playa. La silueta de su vela al pasar, iba interrumpiendo el brillo de las luces de la costa. Al amanecer el continuaba pegado a la playa del aeropuerto y nosotros con rumbo paralelo, directo hacia la Escuela Naval de La Punta pero el viento empezó a disminuir y nuestra velocidad también. Tratamos de observar nuestra posición relativa con el otro velero para saber si había mas ó menos viento por la orilla pero nos mantuvimos casi iguales hasta la entrada al Yatch Club adonde llegamos ya casi sin viento por la típica calma del amanecer.

El velero no identificado era el crucero Ccolla y llegó 30 segundos antes que nosotros. Por su tamaño y área de vela debía llegar 30 minutos antes para ganarnos. Al llegar vimos amarrado a su boya al Gitano y preguntamos en la caseta de control cuántos veleros habían llegado ya. La respuesta nos tomó por sorpresa: “Sólo el Ccolla y Uds. porque el Gitano abandonó por desperfectos y regresó a motor”. ¡Habíamos ganado la regata de punta a punta!. ¡Y en solo 10 horas 15 minutos!
De golpe se nos quitó el sueño y el cansancio y regresamos a casa eufóricos a contar nuestra hazaña cuando aún todos dormían plácidamente el sábado por la mañana. Mientras yo me desquitaba en casa del ayuno forzado durante la competencia, con un gran plato de tallarines con salsa de carne, los demás veleros aún no llegaban a puerto capturados por la calma chicha del amanecer.

EL CANDELABRO DE PARACAS Octubre del 2003


Tenía mi maletín preparado desde dos días antes de la regata anual de veleros cruceros en Paracas. El viernes, apenas llegué del trabajo, revisé que no me falte nada importante, subí el maletín al auto y en la estación de servicio llené el tanque de combustible, compré unas bolsitas de piqueo, galletas, bebidas y partí hacia el sur a las 6 en punto de la tarde.

Luis, un amigo miembro de la tripulación que había tenido una convención de su empresa en Lunahuaná en el valle del río Cañete, me esperaba en la carretera en el restaurant El Piloto. Lo recogí a las 7:30 pm y de inmediato continuamos viaje.

A partir de Cañete, el tráfico se puso pesado pues allí termina la autopista y continúa una delgada carretera de doble vía que sube serpenteando hasta las pampas altas de Chincha y baja luego abruptamente hasta la enorme playa de Jahuay –así se escribe, con J y con H- repleta de granjas avícolas, para volver a subir hasta la ciudad de Chincha, congestionada de moto-taxis y pequeños autos Tico, casi como una plaga de langostas.
Pocos minutos después dejamos atrás el cruce de la entrada a la ciudad de Pisco, pasamos la enorme fundición de acero y atravesamos el desierto que separa la carretera Panamericana Sur de la hermosa bahía de Paracas.

A las 9 de la noche estábamos cenando un chupe de lenguado en el Chaco, puerto de pescadores vecino al balneario de Paracas, en el famoso Restaurant “El Chorito” que durante la temporada es además bodega, bar juvenil y alojamiento económico. Hicimos tiempo conversando y viendo televisión para esperar a algunos tripulantes más que llegarían esa misma noche y entre ellos, Claudia que nos alojaría en su casa de playa. El velero que había salido dos días antes del Callao, ya estaba anclado en la bahía listo para competir el sábado y el domingo. Como nuestros compañeros tardaban en llegar y se nos cerraban los ojos de sueño, decidimos dormir en el Hotel Mirador y encontrarnos con ellos al día siguiente.

Por su ubicación en la parte alta, a la entrada del camino al balneario, este hotel tiene una vista espectacular de la bahía y al amanecer pude grabar lindas tomas en video. Las habitaciones no son nada del otro mundo, pero son limpias, la cama es cómoda y el desayuno es bueno.

Llegó el momento de embarcarnos; la tripulación completa estaba en el muelle. Amaneció con viento del norte pero mientras el juez ponía las boyas y se ubicaba en el punto de partida, comenzó a entrar el viento del sur y obligó a aplazar unos minutos la partida hasta que entrara con mas fuerza. Todos los veleros prepararon sus maniobras para partir de Paracas hacia el norte, rumbo a las Islas Chincha, con viento en popa y los spinakers inflados. Se dio la partida y dos minutos después, súbitamente el viento del sur desapareció y volvió a entrar el viento norte. Con rapidez bajamos la enorme vela de proa y subimos la vela de ceñida casi contra el viento. Todo el trayecto hacia las islas Chincha tuvimos el viento en contra. Al llegar a estas islas viramos hacia el oeste, rumbo a las Islas Ballestas y extrañamente en ese momento el viento cambió de rumbo y nuevamente se puso en contra de los veleros.
Continuamos en contra del viento y al llegar a las Ballestas viramos hacia el sur de regreso hacia Paracas y por unos minutos navegamos a gran velocidad cuando de pronto, al pasar frente a la enigmática figura del Candelabro de Paracas el viento desapareció y nos quedamos flotando a merced de la corriente que lentamente nos hacía retroceder. Viento cero justo en el famoso lugar del cruce de los vientos huracanados ó paracas que dan su nombre a la bahía. Todos los veleros fueron llegando a este lugar donde la calma nos retuvo hasta el anochecer. Una de las varias leyendas sobre el Candelabro sostiene que esos símbolos significan “VIENTOS CAMBIANTES”.



Hace poco tiempo, la figura del enorme candelabro fué dañada por unos irresponsables estudiantes de una academia pre-militar quienes no tuvieron mejor idea que escribir sobre ella con grandes piedras,el nombre de su instituto. Indignados, observamos lo que parecía ser un daño irreversible y mientras las autoridades, tras retirar las enormes piedras, discutían la mejor forma de rehabilitar la figura, un viento huracanado -la típica Paraca que da su nombre a la bahía- sopló sobre la zona y mágicamente el Candelabro apareció resanado totalmente. El secreto de la construcción de esta figura y las famosas Líneas de Nazca es que el viento las repara y acentúa.



Hacia las 7 pm ya habíamos dado cuenta de los quesos, los piqueos, el ron, las bebidas gaseosas y hasta la fruta pero el velero continuaba casi inmóvil. Estábamos a punto de abandonar y prender el motor cuando divisamos a lo lejos que algunos veleros que paseaban por la bahía tenían las velas infladas y navegaban con velocidad, pero curiosamente en el momento de dirigirnos de regreso hacia el sur, el viento volvió a ponerse en dirección contraria obligándonos a llegar a Paracas en contra del viento. Curiosamente, cada vez que debíamos cambiar el rumbo, el viento también lo hizo pero en dirección contraria.


Con mucho trabajo y haciendo innumerables virajes, llegamos a puerto y la directiva de la Asociación de Veleros Oceánicos nos estaba esperando con unas carnes a la parrilla y un espectáculo de música, canto y baile negro. Sin duda una excelente manera de recuperar energías y fomentar la camaradería al compás de las guitarras y el cajón.

DEL DESASTRE AL TRIUNFO. COPA GALÁPAGOS 2002













Parecía solo un sueño lejano cuando en Noviembre del año pasado los navegantes ecuatorianos que vinieron a participar en la Regata Internacional Copa Paracas, nos comunicaron que en Octubre del 2002 se realizaría la VI edición de la Copa Galápagos y nos trasmitieron su deseo de que la flota peruana de veleros oceánicos participara en ella.. En ese momento, nuestro velero Counterpoint no era ni la sombra de lo que fue diez años atrás cuando fue elegido como el Velero del Año en las competencias de Nueva York. La prolongada recesión económica peruana no había permitido a Eduardo “Tato” Heinrich, nuestro capitán y propietario del velero, darle el mantenimiento mas apropiado. Las velas habían sido parchadas con retazos de otras velas, los cabos estaban gastados y algunos molinetes deteriorados; el motor pedía reparación a gritos y el casco y la cubierta necesitan una buena mano de pintura, pero lo que si sobraba en el Counterpoint era el entusiasmo y la experiencia de su tripulación. Todos los tripulantes eran navegantes eran propietarios ó tripulantes de otros veleros mas pequeños y su pericia quedó comprobada cuando en la larga travesía desde El Callao hasta Paracas, el Counterpoint quedó en segundo lugar, con sus cabos viejos y sus velas remendadas, arrebatándole el puesto al poderoso velero peruano Hawk, el mas moderno, grande y veloz de nuestra flota y pisándole los talones al velero ecuatoriano Andiamo que llegó en primer lugar.

Al recibir nuestro trofeo y nuestras medallas de plata en Paracas, decidimos aceptar el reto de competir en Ecuador en lo que sería nuestra mas larga travesía. Son más de mil kilómetros hacia el oeste los que separan el balneario de Salinas de las Islas Galápagos y son al menos tres días enteros de navegación contínua a pura vela. Necesitábamos hacer muchas mejoras y solo teníamos once meses para la preparación. La Copa Galápagos se correría desde el 5 hasta el 13 de Octubre del 2002 en una serie de cuatro competencias.

A fines de Setiembre el Counterpoint partía del Callao rumbo a Salinas, Ecuador con la tripulación alterna en una travesía que duró cinco días. Yo había llegado en avión a Guayaquil unos días antes donde me esperaba mi papá para ir en su camioneta a Salinas a esperar la llegada de nuestra nave, revisarla, limpiarla y ordenarla pues el resto de la tripulación de competencia recién llegaría el día 4 de Octubre.

La inauguración se realizó en la Escuela Naval de Salinas, contó con la asistencia del Presidente de la República del Ecuador, Sr. Gustavo Noboa é incluyó un desfile de las tripulaciones participantes y un coctel de bienvenida en el Yatch Club de Salinas.Esta ha sido la Copa Galápagos con mayor número de participantes peruanos, el velero Hawk de Javier “Pachín Arribas, el velero Papiro de Alfonso Bringas, el velero Pisco Puro de Alfredo Gordillo y nuestro velero Counterpoint de Tato Heinrich. Al día siguiente se dió la partida de la primera de las cuatro regatas de la copa. El recorrido fue de aprox. 40 Km en un circuito frente al balneario de Salinas. Los catorce veleros participantes, siete ecuatorianos, uno norteamericano y cuatro peruanos rondábamos entre la boya de partida y la lancha del juez de regata hasta que se bajó la bandera y partimos. Salimos en séptimo lugar pero rápidamente nos ubicamos en la cuarta posición y alcanzando a dos veleros ecuatorianos más. El Hawk y el Pisco Puro dominaban la punta y nosotros muy cerca. Tres veleros peruanos en posición inmejorable, inclinados por el viento, con nuestras velas templadas al máximo, los once tripulantes haciendo contrapeso pegados a la baranda cuando escuchamos un fuerte crujido, un golpe y nuestra nave se inclinó bruscamente hacia el lado contrario al viento como si hubiera sido embestida por otra embarcación. Miré hacia mi espalda pensando que era un choque cuando veo caer al agua a nuestro enorme mástil de 19 metros, roto en pedazos, rompiendo de paso las nuevas velas al caer. De pronto uno de nuestros compañeros gritó: ¡Hombre al agua!. La baranda se rompió y nuestro compañero Carlos Bravo había caído al agua. Iniciamos su rescate cuando se acercó a recogerlo el DOVE III, un enorme yate a motor que veía de cerca la competencia.. Lo abrigaron por fuera y le invitaron un trago para abrigarse por dentro. Estábamos tratando de recuperar nuestras velas cuando otro compañero de navegación, Rudolf Röder, resbala, se apoya en el resto de la baranda rota y cae al mar. A pesar del desastre nos pusimos a trabajar y recuperar todo lo posible, antenas, veleta, cabos y poleas y hasta le hicimos bromas a Rudolf acusándolo de simular su caída al mar para no ayudarnos é irse a tomar un Whiskey y unos bocaditos en el yate.

El dueño del yate DOVE III de apellido Diminich, que acudió en nuestra ayuda y nos remolcó hasta el puerto, había tenido una experiencia similar en su velero en la anterior Copa Galápagos y sabía cómo nos sentíamos por dentro. Nuestro sueño de participar en la Copa Galápagos parecía romperse en pedacitos en la primera competencia.

Esa noche en la entrega de los premios de la primera competencia, analizamos varias opciones; desde alquilar otro velero lo que nos salía muy caro, repartirnos uno en cada uno de los otros veleros participantes lo que separaría nuestro equipo, irnos en avión ó en los barcos de escolta a Galápagos lo que sería solo turismo ó reparar nuestro mástil y coser nuestras velas aunque partamos un día ó dos después de los demás, pero no rendirnos. ¡Y no nos rendimos!.

El domingo 6 por la mañana mientras todos los veleros partían hacia las Islas Galápagos, nosotros estábamos reparando la baranda, cosiendo y parchando las velas y soldando el mástil con la ayuda de un grupo de técnicos soldadores de la Marina del Ecuador, los empleados del Yatch Club de Salinas y con el apoyo logístico de mi papá y su camioneta Kangoo Renault que nos sirvió para comprar repuestos y materiales, cables, equipos de soldadura y transporte de las velas para costura. Trabajamos sin parar todo el domingo y todo el Lunes. Logré que en Libertad, el pueblo vecino a Salinas me reparen el obenque(uno de los enormes cable de acero macizo que sujetan el mástil) que al romperse causó el quiebre del mástil en cuatro partes. Cuando el mástil estaba casi listo al operador de la sierra eléctrica se le resbala la máquina y se hace un gran corte en la pierna. La camioneta de la Marina del Ecuador lo lleva a la enfermería de la escuela naval y al salir apuradamente pasa sobre el obenque recién reparado y lo vuelve a malograr. Salí disparado con mi papá antes que cierren el taller en Libertad para volver a reparar el obenque. ¡Nadie se rinde! Cosen al herido con 25 puntos y éste sin avisar al médico regresa a terminar su trabajo.¡Tampoco se rinde!. El lunes en la noche todo está listo para instalar pero la marea está muy baja y el velero encallado en la arena. Tenemos que esperar hasta la madrugada del Martes que suba la marea y llevar enorme mástil hasta la grúa de un club cercano en el vecino puerto de Santa Lucía para instalarlo y partir sin resguardo naval, luego recorrer solitariamente hacia el oeste los mas de mil Kms hasta las famosas islas, navegando sobre la línea ecuatorial-Latitud Cero.

Al medio día del martes 8 nos dieron la partida. A medida que nos alejábamos de la costa, el oleaje y el viento se hacían mas fuertes; el Counterpoint volaba sobre las olas pero de vez en cuando una gran ola pasaba sobre la cubierta. Almorzamos sándwich de queso con mantequilla. Por la noche a 130 Kms de la costa una gaviota solitaria nos perseguía y volaba inexplicablemente junto al mástil. Pronto vimos que la olas habían dejado sobre cubierta a unos sorprendidos calamares y la gaviota no se atrevía a aterrizar . Decidimos devolver los animalitos al mar y la gaviota se fue sin su bocadillo. Hicimos tres grupos y nos turnamos cada cuatro horas en el manejo de timón, velas é instrumentos. Navegamos sin parar bajo el sol tropical y bajo la lluvia de una tormenta. La primera noche, cada crujido del velero nos hacía mirar hacia el mástil reparado temiendo otra rotura, pero aguantó firme las 75 horas contínuas de olas y viento. Una sopa china instantánea caliente y con bastantes fideos nos reanimó. Al día siguiente, manzanas, chocolates Sublime y gaseosas y mientras comíamos ¡ Peces voladores!
Primera vez que veo un pez volador. Sardinas con alas.

Cuando en la madrugada del viernes tras una noche fría y lluviosa, avistamos la primera isla de las Galápagos, San Cristóbal, agotados pero alegres, preparamos huevos revueltos en el desayuno. Los delfines salieron a nuestro encuentro y nos escoltaron hasta Puerto Ayora en la isla Santa Cruz donde mi papá y la esposa de Rudolf que llegaron en avión, nos esperaban emocionados. Nadie mas esperaba que pudiéramos llegar ó por lo menos llegar tan pronto para participar en la siguiente competencia en Puerto Ayora. Hasta tuvimos tiempo de hacer nuevas reparaciones en la vela, pasear por la isla y tomar fotos de la sorprendente flora y fauna nativas. Nos llovieron abrazos, felicitaciones y manifestaciones de asombro por la osadía de viajar sin compañía en un velero recién reparado y sin tiempo de probarlo. Al terminar la última competencia obtuvimos grandes medallas y un hermoso trofeo: Una gran réplica en madera incorruptible de la carabela Santa María como premio y reconocimiento Al Mayor Espíritu Marinero.Sin embargo el premio más importante es nuestra propia felicidad de haber logrado cumplir nuestro sueño y llegar a la meta contra todo pronóstico y superando todos los obstáculos.

REGATA PARACAS Octubre del 2001


El martes 30 de Octubre la Asociación de Veleros Oceánicos del Perú dió inicio al conjunto de cuatro regatas denominadas Campeonato Internacional Paracas 2001, con el auspicio de VOLVO y la revista ETC y la participación de 12 veleros peruanos, 2 ecuatorianos y el acompañamiento de un hermoso velero australiano fuera de competencia.

La diversidad de los recorridos y de los vientos lograron convertir este campeonato en el más interesante y emocionante del año. La primera regata partió desde La Punta para dar una vuelta completa a la isla San Lorenzo en el sentido de las agujas del reloj. La segunda y mas importante fue una larga travesía de 120 millas desde La Punta hasta la bahía de Paracas que puso a prueba la velocidad de las embarcaciones, la resistencia de cada tripulación y su habilidad para buscar el viento. La tercera travesía partió desde Paracas para rodear las islas Ballestas y la isla de San Gayán, con retorno a Paracas en sentido contrario a las agujas del reloj, en un bellísimo recorrido en contacto total con el mar y su fauna. La cuarta y última regata y a la vez la más exigente para la tripulación por la cantidad, exactitud y rapidez de las maniobras fue dentro de la bahía de Paracas en un recorrido denominado barlovento-sotavento, de tres vueltas completas entre dos boyas situadas una en cada extremo de la bahía en una línea que sigue la dirección del viento predominante, normalmente de Sur a Norte.

Primera regata con naufragio
El martes 30 a la 01.00 pm. se dió la partida con vientos razonables como para esperar un tranquilo recorrido alrededor de la Isla de San Lorenzo, sin embargo al llegar al cabezo sur de la isla, frente al islote El Frontón, hasta hace algunos años utilizado como prisión, el viento desapareció y algunas embarcaciones, sin fuerza en las velas, eran peligrosamente arrastradas por la correntada contra la isla. Solo les quedaba esperar hasta el límite de la profundidad de sus quillas a que la aparición de una pequeña brisa los ayude a alejarse del peligro a pura vela pues si se veían obligados a prender el motor, quedarían descalificados. En nuestra embarcación, el “Counterpoint”, habíamos tomado la precaución de pasar más alejados, hacia el sur como lo hicieron otros cuatro veleros, el “Hawk” de Pachín Arribas, los dos ecuatorianos, “Andiamo” y “Olimpus” y el velero “Lakemanda” de Fernando Harmsen. Los otros nueve veleros en competencia quedaron entrampados sin aire entre las islas Palomino, San Lorenzo y El Frontón. Finalmente el viento del sur empezó a soplar y nos llegó primero a los cinco del primer grupo y nos disparamos para asegurar los primeros puestos. Cuando el resto recibió aire salieron del peligro pero ya les era difícil alcanzarnos.
Llegamos al cabezo norte a las 6.30 pm. “Hawk”, el mas moderno y veloz de los veleros peruanos, iba adelante escoltado por los dos veleros ecuatorianos y apenas detrás “Lakemanda” que intentaba impedir que lo alcanzáramos, haciendo el camino mas corto peligrosamente pegado a la isla. Conocía la ruta y siempre que la utilizó tuvo profundidad suficiente, pero el fondo marino no permanece inalterable ni la ruta es exacta y en el preciso momento en que le dimos alcance nos sorprendió verlo virar bruscamente hacia las rocas. No entendíamos el motivo de la maniobra. ¡Va a encallar! ¿Se le habrá roto el timón?. Pasamos tratando de alcanzar a los ecuatorianos cuando escuchamos el estremecedor sonido de su quilla contra las piedras. Prendió motor en reversa a toda marcha pero no pudo desencallarlo. Hacía agua y las olas amenazaban con destrozarlo contra las rocas. Pidió ayuda por radio. Eramos la embarcación mas cercana y nuestra obligación era ayudarlos. Abandonamos la competencia , encontramos una lancha pesquera dispuesta a ayudar y regresamos al lugar del accidente. Oscurecía rápidamente y el frío iba en aumento y cada ola levantaba al “Lakemanda” y lo dejaba caer bruscamente contra el fondo rocoso. Su capitán pedía una bomba de agua mas grande ante la insuficiencia de la propia y la tripulación se ayudaba con dos baldes. Dos veleros mas abandonaron la regata, “Madrugada” y “Sestri”. Entre los tres juntamos suficientes cabos para el rescate. Nuestro capitán Tato Heinrich coordinaba por radio las maniobras. Pachín Arribas que ya había llegado a La Punta regresó en una lancha Zodiac que permitió transportar rápidamente cabos, bombas de agua y linternas y colaborar con los amarres. Varios cabos dobles fueron atados desde el mástil y proa del velero encallado hasta la lancha pesquera y con otro cabo amarramos el extremo superior del mástil del velero encallado hasta el velero “Madrugada”ya con el motor prendido. La operación tendría que ser sincronizada. El objetivo era jalar la punta del mástil hacia un lado y hacia abajo para inclinar el velero al máximo y sacar la quilla de las rocas y en ese preciso momento el pesquero debería remolcarlo totalmente inclinado hacia el mar mas profundo. Los dos primeros intentos fueron vanos. O no logramos inclinarlo lo suficiente ó los cabos no fueron lo suficientemente fuertes y reventaron. Rezábamos mientras manteníamos su proa lo mas posible contra las olas. Necesitábamos cabos mas gruesos y remolcadores mas potentes y Dios escuchó nuestras oraciones. Un remolcador enorme de la empresa TRAMARSA y el yate de pesca “Don Max” de Alfredo Gordillo, acudieron en auxilio. Rápidamente repetimos la operación y el velero “Lakemanda” desencalló y llegó al muelle remolcado y escoltado, cuatro horas después del accidente. La emoción y la alegría eran mayores que ganar una regata.

La gran travesía La Punta- Paracas
Miércoles 31, hora: 01 pm. Partimos y nos esperan 120 millas de navegar ceñidos, casi contra el viento, la corriente y las olas. No pudimos comprar velas nuevas así que hemos remendado, parchado y reforzado nuestras velas resecas con retazos de otras velas usadas siguiendo las líneas de costura de la vela original. El viento no está muy fuerte y esperamos llegar a Paracas el Jueves 01 de Nov. al atardecer. Tenemos que aprovechar al máximo las ráfagas toda la noche, porque al amanecer el viento desaparece entre Pucusana y Asia. Nos concentramos en mantener el rumbo. Pasada la medianoche pudimos apreciar los primeros resultados cuando vimos pasar por nuestra popa al trimarán “Nautilus” de Carlos Canziani que debería habernos sacado mucha ventaja. A las cinco de la madrugada nos quedamos sin aire frente a la isla de Asia y cambiamos nuestra grande y gruesa y remendada vela genoa por otra mucho mas delgada y pequeña que nos permitió avanzar aunque muy lentamente sin permitir que el trimarán se nos aleje. Por la tarde ya teníamos las islas Chincha a la vista, pero lo mejor de todo es que también teníamos a la vista a los veleros mas grandes y el viento empezó a soplar cada vez mas fuerte, las olas a crecer y el agua a pasar sobre nosotros. Repusimos la vela gruesa. Entramos a la bahía de Paracas a las 8.30 pm. con 22 nudos de viento y la vela descosiéndose pero logramos el segundo puesto, detrás del ecuatoriano “Andiamo” y relegando al “Hawk” el velero mas veloz del Perú al tercer lugar. Su capitán Pachín Arribas exclamó: ¡Es el colmo, me han ganado con un velero todo remendado! Le contestamos que no solo nuestras velas eran viejas pues nuestra tripulación es la de mayor promedio de edad y no solo las velas están remendadas pues uno de nuestros copilotos, Ricardo Leigh, tiene tres operaciones a corazón abierto y varios By passes. Esto aumenta el valor de nuestras medallas de plata y el precioso trofeo: Un velero de cristal, engastado en una base de mármol negro y placa de plata.

Travesía a las islas Ballestas y San Gayán
Anoche dormimos relajados y hoy viernes 02 de Noviembre temprano reparamos las velas y partimos de Paracas en la tercera regata rumbo a las islas Ballestas famosas por su diversa fauna de aves y lobos marinos. Pasamos frente al famoso “Candelabro de Paracas” que unos alumnos despistados malograron, marcando encima el nombre de su instituto educativo. Se ha reparado solo con los vientos fuertes que han borrado las marcas nuevas dejando solo el dibujo milenario. Lo mismo sucede con las “Líneas de Nazca” continuamente violadas por motocrosistas y areneros. Con el viento se arreglan solas casi mágicamente. La forma de los surcos y los diferentes pesos de los materiales utilizados hacen que el viento mantenga los dibujos en la forma original.
Al bordear Ballestas, el viento aumentó y los veleros nos manteníamos en los puestos esperados de acuerdo al tamaño y el handicap. Llegamos a San Gayán casi todos juntos detrás de los dos más grandes “Hawk” y “Huracán” y nuevamente el viento desapareció y todos nos quedamos bamboleando sin poder llegar al corredor entre la isla y la península. La regata quedó convertida en ruleta. Tres pequeñas ballenas se encargaron de entretenernos un poco hasta que el viento empezó a soplar. Hasta ese momento ningún velero había podido mantener su posición inicial, algunos hasta habían retrocedido a merced de las olas y las corrientes marinas. El velero mas pequeño “Ravin” de Hugues con la tripulación de la Marina de Guerra, salió antes de la calma y llegó primero a Paracas seguido del ecuatoriano “Andiamo” que demostraba su gran regularidad. Detrás de ellos llegamos 6 botes casi juntos, para fotografía. Otros tres no pudieron salir de la calma a tiempo y sobrepasaron la hora límite de llegada. Obtuvimos el puesto 8° pero el bote andaba bien. Esa noche el Yatch Club de Paracas nos recibió con anticuchos, picarones, música y danzas negras.

Ultima regata. Barlovento-Sotavento en la bahía
Este tipo de regata favorece casi siempre a los veleros mas pequeños que el nuestro ó a los más modernos y maniobrables; el viento estaba fuerte y rafagoso y la tripulación muy liviana por lo que tuvimos que dar la ventaja de partir achicando la vela mayor, haciéndole un rizo para quitarle potencia ó nos volcaríamos, sin embargo nuestra tripulación ya había logrado estado físico y estuvimos bastante concentrados en los virajes y en las continuas maniobras de arriado é izado de velas de proa (genoa y spinaker), por lo que logramos un meritorio 6°lugar. No lo podíamos creer. Nuestro capitán estaba realmente emocionado. A pesar de tener que achicar la vela y del abandono por el rescate de “Lakemanda” en la primera regata, quedamos en el 5° lugar de la clasificación general. Bajamos a comer bien-el chupe de corvina y el saltadito de lenguado estaban para chuparse los dedos- y antes de que se nos pase la euforia nos embarcamos ese mismo sábado de regreso a Lima a donde llegamos el domingo en la tarde, a tiempo para tomar un reparador baño caliente, tomar té con la familia y descansar.