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viernes, 10 de septiembre de 2010

Un momento para los niños. 29 de Noviembre 2009













                                                                                                                                                                                      Un momento para los niños (Valle Amauta y Tablada de Lurín )


                                                           Roberto Monge Rivero
                                                         29 de Noviembre del 2009
 
Teníamos todo preparado para viajar a Andahuaylas en Octubre. La población del distrito de San Jerónimo nos estaba esperando como todos los años para la atención médica. Los Odontólogos con sus equipos, la Otorrinolaringóloga, los Oftalmólogos y yo con mi óptica portátil estábamos listos para apoyar a nuestra amiga andahuaylina Leonarda cuya asociación benéfica “Sueños” había conseguido ayuda desde Italia para los pasajes aéreos y para materiales odontológicos y medicinas. De pronto nos dieron una pésima noticia: Leonarda –la principal promotora de las jornadas médicas en Andahuaylas- ha sufrido un serio accidente y tiene fractura de cadera y fémur.

Esta vez la que necesita ayuda es Leonarda y en medio de la tensión por su accidente, nadie atinó a continuar las coordinaciones para la jornada médica y fue suspendida.
Mientras Leonarda se recuperaba lentamente, yo atendía a mi clientela habitual en la Óptica GAFAS y entre ellos, a una señorita estudiante de Psicología que hace sus prácticas profesionales en un centro de ayuda social y psicológica para niños en zonas muy pobres y deprimidas. Ella me habló de su trabajo y me pidió apoyo en Óptica y Oftalmología para niños de 4 a 7 años en una quebrada de Vitarte llamada Valle Amauta. Grande fue su sorpresa cuando le dije que debido a la suspensión de la jornada en Andahuaylas, algunos médicos aceptaron ayudarme y que podíamos atender en las especialidades de Oftalmología, Odontología, Pediatría y Medicina General.

La atención médica se llevó a cabo en las aulas de un colegio estatal del asentamiento humano y pasaron sus controles aproximadamente 200 niños y niñas que inician su edad escolar. El Dr. Dacio Maldonado, Médico General detectó y trató parasitosis y anemias, además de afecciones bronco-pulmonares y digestivas. El Dr. Leo García, Odontólogo y sus colaboradores hicieron los odontogramas y curaciones y la Dra. Bety Yañez, Oftalmóloga del Hospital Dos de Mayo, examinó los ojos de cada niño y los casos serios fueron derivados para su atención gratuita en el Hospital. Las recetas de los lentes me fueron entregadas para su preparación y montaje. Yo tenía algunas monturas donadas para niños y el Centro de Ayuda Social que me convocó, aportó el costo de las lunas de medida de tal manera que ningún niño con problemas ópticos se quedó sin su anteojo.

Pero como estas atenciones se logran con la ayuda solidaria de varios médicos, cuando cualquiera de ellos es nuevamente convocado para ayudar, recurre a los otros a quienes apoyó anteriormente generándose una cadena de ayuda social cuyos eslabones nunca terminan de agregarse. De este modo, cuando el Doctor Maldonado fue visitado por un amigo fraile franciscano que apoya a una comunidad y un colegio humilde de la Tablada de Lurín, sin pensarlo dos veces acudimos en su ayuda para atender todo un domingo.

A diferencia de la población de Valle Amauta en Vitarte que es un asentamiento humano mas reciente y con mucha gente desempleada, en la Tablada de Lurín, la gente es pobre pero no en extremo. La población es inmensa y está más organizada. Tiene varias calles y avenidas asfaltadas, parroquias, tiendas comerciales y algunos consultorios médicos. El porcentaje de desocupados es mucho menor.
Nuevamente las aulas de un colegio se convirtieron en consultorios. Al iniciar la jornada médica la gente de todas las edades acudió a sus controles. La afluencia inicial fue moderada. Parece que la gente aquí es más cautelosa, pero a medida que los pacientes salían, se corría cada vez más la voz de que la atención era buena y pasado el mediodía la demanda desbordó la capacidad de atención y comunicamos que el próximo domingo haríamos una segunda jornada aunque no estaba prevista. En la Tablada de Lurín, la gente con empleo está dispuesta a pagar por una consulta especializada y al ver las enormes colas, pidieron tarjetas para acudir a los consultorios particulares.

El segundo domingo la gente estaba esperando la atención desde temprano y nuestra capacidad de atención fue nuevamente superada. Esta vez decidimos repartir tickets para que los que quedaron sin atención, lo hicieran en una en una tercera y última jornada dominical. Un domingo más lejos de la familia podría ser causal de divorcio pero es tanta la gente que requiere atención médica ó consejos para mantener la buena salud que lo que empezó con la intención de dedicar un momento para los niños amenazaba con extenderse eternamente. Es evidente que se requiere inversión estatal en salud, para tener un servicio sostenido en atención médica en las zonas de extrema pobreza.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Pueblo Nuevo de Ica. Entre los rezagos del sismo y el desarrollo
















Pueblo Nuevo de Ica. Entre los rezagos del sismo y el desarrollo
RobertoMongeRivero 6 de Setiembre del 2010
Muchos pequeños pueblos y caseríos de Ica están lentamente superando el violento retroceso causado por el terremoto de Agosto del 2007. Aún se notan sus estragos, en un departamento que se acerca al pleno empleo, gracias al crecimiento de su agroindustria, sus textiles y pesqueras y es notorio el contraste entre nuevas construcciones de material noble junto a viviendas destruidas.
El distrito iqueño de Pueblo Nuevo que visitamos este fin de semana, ha conectado mediante una pista asfaltada a todos sus caseríos con la Panamericana Sur. Ahora el transporte público y de carga llega desde Ica en pocos minutos, sin maltratar los vehículos. Se nota la inversión del gobierno local pero falta mucho por hacer en vivienda, educación y salud.
Una de las nuevas construcciones ubicada frente a una hermosa plazuela recientemente inaugurada en el caserío Pongo Chico del distrito iqueño de Pueblo Nuevo, es su Centro de Salud. Es un local amplio con buena iluminación natural y excelente ventilación, pero que aún carece de muchos equipos médicos y para paliar la carencia mientras se consiguen los equipos, un antiguo vecino del distrito que ahora vive en Lima, conectó a su alcalde con un médico amigo que es el actual Presidente del Club de Leones de Santa Beatriz.
En corto tiempo acordaron que el Club de Leones convocaría a un grupo de amigos y colaboradores médicos de diversas especialidades para atender gratuitamente a los pobladores del distrito y la Municipalidad de Pueblo Nuevo se encargaría del transporte, alojamiento y alimentación durante el fin de semana.
El viernes 3 de Setiembre a las 11:30 de la noche partió el bus rumbo a Ica y entre sus pasajeros viajamos especialistas en Medicina General, Pediatría, Otorrinolaringología, Odontología, Neurología, Oftalmología y Óptica oftálmica. Cinco horas después, el transporte contratado por el Alcalde de Pueblo Nuevo nos recogió del terminal de buses en Ica y nos llevó a un hostal para descansar dos horas y luego de un buen desayuno iniciamos la atención hasta las 6 de la tarde, con una breve interrupción para almorzar. Nos preguntaron si habíamos sentido un temblor a las 6 de la mañana. Nadie en el grupo lo sintió. Nuestro sueño fue a prueba de ruido y temblores.
La asistencia de pacientes fue masiva y todos terminamos agotados pues la noche anterior pudimos descansar muy poco en el bus y solo dos horas en el hostal. Nos invitaron a comer un gran plato de chicharrón de pollo con papas fritas y nos fuimos al hostal dispuestos a tomar una buena ducha y dormir. ¿Dormir? No será fácil. Hay fiesta en la terraza junto a la piscina y el pequeño bar no se da abasto para atender a los jóvenes en plena “fiebre de sábado por la noche”. El hostal tiene terma solar y bastante agua caliente. Después del baño, a pesar del gran volumen de la música, me quedé dormido.
Desperté con los gritos de una jovencita que trataba de impedir una pelea entre dos galanes posiblemente ebrios. Aún no amanecía. El reloj marcaba las 4:45 de la madrugada y la música seguía. Terminó la bronca y dormí nuevamente hasta las 7 en que el coordinador nos despertó para desayunar. El equipo de música seguía sonando y aún algunos jóvenes conversaban y bebían en el bar.Llegamos a Pongo Chico a las 8 de la mañana a continuar la atención y el Centro de Salud reventaba de gente. Tuvimos que ordenar las colas por especialidades y atender sin parar hasta las dos de la tarde. En el almuerzo de despedida, un emocionado promotor y un agradecido alcalde nos felicitaron por el buen desempeño en la atención de cientos de pobladores y regresamos a Lima, cansados pero contentos, con una botella de buen Pisco Puro de Ica y un kilo de enormes pecanas.

sábado, 31 de julio de 2010

CORONGO, llega el desarrollo












EL DESARROLLO ESTA LLEGANDO A CORONGO
Roberto Monge Rivero 26 de Enero del 2010

Los días viernes sale de su local en el centro Comercial Fiori en la Panamericana Norte el bus de Lima a Corongo. Su horario habitual de partida es a las 2 pm. a más tardar para pasar temprano el tramo desde Chimbote al Puente Huarochirí cerca a Huallanca, zona conocida por los asaltos a los vehículos. Hay mucha demanda de pasajes y la empresa “Amanecer Pampino” ha dispuesto la salida de un segundo bus y decidimos tomarlo para que nuestros equipos é instrumentos viajen más holgados. Este cambio de bus nos dió tiempo de almorzar en el restaurant vecino un rico chilcano de pescado y un buen arroz con pato, tan bueno que no causó ningún estrago durante el largo viaje.
Pero un evento nos tomó por sorpresa. Apenas partimos, en la Panamericana Norte en el Distrito de Los Olivos, una camioneta policial detuvo al bus con una orden judicial que ordenaba el embargo por deuda. Las negociaciones del chofer no daban resultado y tampoco de los dueños de la empresa de transporte. El bus debía ser remolcado hasta la delegación policial de Pro. Nos aseguraron que pronto llegaría otro bus idéntico para el trasbordo pero dieron las 7 pm. Y no llegaba. Los ánimos se empezaron a caldear. La demandante y la policía perdieron la paciencia é intentaron remolcar el bus con pasajeros y carga. Los transportistas, choferes y auxiliaron se opusieron desenganchando la grúa y … se armó la gresca. Un médico intentó calmarlos y sus lentes volaron por los aires. Estábamos a punto de abandonar el bus y regresar a nuestras casas, cuando llegó el bus de reemplazo y con él, algo de tranquilidad. Se efectuó el trasbordo de pasajeros y carga y reanudamos el viaje.
Llegamos a Chimbote en la madrugada a la hora más peligrosa por la presencia de asaltantes de caminos. Recién iniciábamos la subida hacia la Cordillera Blanca cuando un bus que retornaba nos avisó que no siguiéramos porque están asaltando. Paramos en la Delegación Policial del Santa y nos concedieron escolta policial. La camioneta de la policía se detuvo varios kilómetros más adelante para retirar piedras y troncos de la carretera utilizados por los asaltantes y continuó escoltándonos hasta una zona segura. Ya casi al amanecer, cuando empezamos la subida más empinada de la Cordillera Blanca, la policía regresó a su base. A los asaltantes no les gusta el frío ni el soroche y se quedan en carreteras amplias y con cruces por donde escapar y desde el puente Huarochirí hasta el distrito de La Pampa en Corongo, el camino es endemoniadamente peligroso, con curvas muy cerradas de una sola vía, cuestas empinadas y clima de puna.

Varias sorpresas nos esperaban en esta nueva visita a Corongo. Esta vez no nos alojamos en el pequeño hostal “Que Rico Descanso” en plena Plaza de Armas sino en el moderno Albergue Municipal con todas sus habitaciones con baño y agua caliente, pero la sorpresa mayor fue encontrar en el lugar de la antigua Posta Médica, a un moderno Centro Médico financiado por un fondo especial de la Compañía Minera Antamina y que tuvimos el gusto de inaugurar atendiendo a muchos pobladores de los diferentes distritos de la Provincia de Corongo, en ambientes apropiados, limpios, iluminados y ventilados.
Esta vez, seis Odontólogos pudieron efectuar todo tipo de curaciones, reduciendo las extracciones al mínimo indispensable y con el apoyo de sus técnicos dentales fabricaron prótesis (dentaduras postizas), devolviendo la sonrisas y la capacidad de masticar a muchos pobladores.
En la rama Oftalmológica nadie se quedó sin atención. Entregamos anteojos de medida a bajo costo a muchos pacientes con problemas de visión y conseguimos anteojos donados para todos los indigentes y personas con pocos recursos. Los pacientes que requieren cirugía de Pterigion ó de Cataratas han sido contactados con el Servicio Oftalmológico del Hospital Dos de Mayo en Lima, para su atención gratuita.
Los demás especialistas consiguieron gran cantidad de muestras médicas para aliviar la salud y la economía de los enfermos y al culminar 3 días de arduo trabajo, tanto los pobladores como las autoridades locales agradecieron efusivamente la atención brindada… y pensar que toda esta campaña estuvo dos veces a punto de no realizarse.
Pero… ¿Cómo y por qué llegamos hasta Corongo para esta labor? Hace casi 17 años, a través de mi amigo Alfredo Otero Balestra, Oftalmólogo, conocí a un grupo de personas, entre ellos varios médicos, dedicados a ayudar a personas humildes de zonas alejadas de la capital del país. Para financiar los traslados de médicos, equipos é instrumentos, el alojamiento y la alimentación, han conseguido el auspicio de autoridades municipales, el apoyo de la Iglesia Católica y de entidades y de personas de buen corazón peruanas y extranjeras. De esta manera, la atención médica se ha ofrecido con precios simbólicos y en la mayoría de los casos gratuita y no solamente las consultas, también las cirugías.
Estas actividades sociales se han difundido solamente a través de conversaciones entre amigos , fotografías y algunas crónicas como la que escribo, pero han tenido un efecto multiplicador, de tal modo que se han integrado nuevos médicos y en diferentes ciudades se han formado nuevos grupos promotores con capacidad de convocatoria y de organización que con solo conocer a uno ó mas de los médicos ó promotores, han solicitado y logrado el concurso de los médicos para ayudar en la salud de sus comunidades.
Casi sin darnos cuenta, la atención médica y óptica que empezó ayudando a pueblos como Lamas y Rioja en San Martín, en 1993, y Yurimaguas en Loreto, se fue expandiendo a lugares tan disímiles como San Jerónimo, Andahuaylas, Kaquiabamba y Cupiza en Apurímac; luego a Santo Tomás de Cutervo y a San Benito de Contumazá en Cajamarca. Hemos atendido en Juanjuí en San Martín y también en el comedor de ancianos Beth Miriam en Barranco. Llevamos atención médica a Malvas y San Miguel de Huarmey en Ancash; a Chaulisma en Huancavelica; a la Tablada de Lurín en Lima; a los niños y niñas del Valle Amauta de Vitarte en Lima; a Ayabaca en Piura y a Corongo en Ancash.
El trabajo fue fluyendo con total naturalidad. Un personaje notable de Tarapoto invitó a médicos amigos para atender a humildes pobladores de Lamas. La directora del hospital del seguro Social en Rioja coordinó con un grupo de médicos especialistas la atención en Rioja; al Presidente del Club Yurimaguas en Lima –médico también- le gustó la idea y los invitó a servir en el hospital Santa Gemma de su ciudad natal. Una emprendedora señora andahuaylina conoció a uno de los médicos y coordinó con el grupo la atención en San Jerónimo y luego en Kaquiabamba y en Cupiza con el apoyo del Padre Domingo de la Parroquia de San Jerónimo y de las monjitas de dos conventos en el mismo distrito, las Carmelitas de Clausura que sin salir del Convento nos preparaban los alimentos y las Hermanitas del Sagrado Corazón de María cuyo convento se convertía en consultorios y ellas en enfermeras durante nuestra estadía.
La cuñada de la señora andahuaylina es de Juanjuí y su hija, una de las promotoras de la atención médica, coordinó una visita a dicha ciudad consiguiendo apoyo municipal.
El técnico dental que trabaja con uno de los odontólogos del grupo es de Santo Tomás de Cutervo, cerca a Jaén y nos llevó para ayudar a su pueblo, consiguiendo apoyo municipal y de la Posta médica. El Alcalde de Corongo y su hija son Odontólogos. Ella trabaja con un médico del grupo y coordinó la visita a su pueblo para ayudar en la Posta Médica.
La hija de un cliente y amigo de Óptica Gafas , estudia psicología y hace sus prácticas en una Asociación de Ayuda Social y Psicológica. Al enterarse de nuestro trabajo gestionó nuestra ayuda para la atención básicamente de niños en Valle Amauta, una de las zonas pobres de Vitarte.
Uno de los médicos nacido en el pueblito huancavelicano de Chaulisma nos llevó para allá con apoyo de sus familiares. Este mismo médico ha sido elegido presidente del Club de Leones de su distrito y consiguió el apoyo de su club para servir en una de las zonas más pobres de la Tablada de Lurín y también en Ayabaca, Piura.
De Ayabaca trajeron a Lima a un niño pequeño que requería una complicada neurocirugía. Sus familiares no tienen recursos económicos pero el hermano del alcalde de Corongo es Médico Neurocirujano y lo operó gratuitamente con el único compromiso de que este año fuéramos nuevamente a servir en Corongo… y acabamos de hacerlo en Enero del 2010 como lo hicimos hace exactamente un año, por iniciativa del Alcalde Provincial de Corongo, y de su hija, ambos Odontólogos.
De esta manera se ha logrado atender a muchísima gente con especialistas que difícilmente hallarán en sus generalmente desabastecidas Postas Médicas a cargo de una enfermera ó algún joven médico cumpliendo con su SERUM –servicio obligatorio de los universitarios en entidades estatales de salud-.
Afortunadamente, cuando un médico no puede viajar, siempre conseguimos un reemplazo que se contagia del espíritu positivo del grupo. Todos consideramos estos días de trabajo social como unas cortas vacaciones que nos permiten romper la rutina y las tensiones citadinas y ayudar mientras conocemos a fondo nuestro tan necesitado país en el que nunca faltan solicitudes de apoyo médico.

lunes, 3 de agosto de 2009

Chaulisma, un pueblito con suerte











Está amaneciendo pero la luna aún permanece claramente visible mientras ascendemos por el valle del río Ica hacia los uno de los pequeños pueblos del sur de Huancavelica. El camino es delgado, de una sola vía , extremadamente sinuoso. Las peligrosas curvas ciegas que suben por altísimas laderas, obligan al chofer a tocar el claxon con suma frecuencia y avanzar con lentitud para no encontrarnos de nariz con otro vehículo en el estrecho camino de tierra. Lo sorprendente es lo bien afirmado y con excelente mantenimiento. No hay una sola piedra ni bache que nos haga saltar como es común en los pequeños caminos de las serranías del Perú y que destroza las suspensiones de los vehículos.
Nuestro destino es Chaulisma, un pueblito enclavado en la cima de uno de los contrafuertes que descienden hacia la costa desde el ramal occidental de la Cordillera de los Andes en las serranías del sur de Huancavelica, formando quebradas cuyos riachuelos confluyen para finalmente formar el río Ica que desemboca en el Océano Pacífico.
Al timón de una potente camioneta 4 x 4 de doble cabina está un diestro y conocedor piloto lugareño y detrás nos sigue una station wagen de las típicas que hacen taxi en todas las ciudades del Perú. En ambas camionetas estamos repartidos un equipo de médicos y yo decididos a realizar durante el fin de semana, una jornada de atención médica gratuita, convocados por uno de los médicos del grupo que nació y vivió su infancia en la zona. Sus parientes en Chaulisma y alrededores han organizado nuestro traslado, alojamiento y alimentación durante nuestra corta estadía. El chofer nos conversa pero el sueño nos vence.
Partimos desde Lima en bus el viernes por la noche, tras un día habitualmente atareado al que añadimos las tareas de preparación y embalaje de instrumentos y equipos. Salvo cortas dormitadas en el bus que nos lleva hasta Ica, nuestro último sueño reparador fue la noche del jueves. Llegamos a las dos de la madrugada tras cuatro horas de viaje y una vez organizado el trasbordo a los vehículos que nos llevarán hasta Chaulisma y mientras los promotores acomodaban la carga y reabastecían de combustible las camionetas, los viajeros nos fuimos caminando al mercado cercano a saborear un hirviente y suculento caldo de gallina que contrarreste el frío desértico de las noches iqueñas de invierno y que nos sostenga el resto del viaje -5 horas más- subiendo la cordillera.
Un especialista en Medicina General y Alternativa, cuatro especialistas en Odontología, un Otorrinolaringólogo, un Oftalmólogo y este cronista especialista en Optica Oftálmica, llegamos premunidos de instrumentos, equipos portátiles, una compresora para equipo dental y un adecuado surtido de medicinas y lentes. El cansancio y el aire enrarecido por la altitud –al menos 3500 m.s.n.m.- nos invitan a una siesta matinal antes de iniciar el trabajo, pero la adrenalina que nos genera la expectativa de la población ante nuestra llegada y el buen café de bienvenida acompañado de queso, habas sancochadas y maíz tostado logran reanimarnos y ponernos de inmediato en acción.
A la sorpresa de encontrar un camino bien mantenido se sumó una más. Junto al clásico centro de salud estatal de los pueblitos peruanos, de gruesas paredes de adobe y techo de tejas ó calamina encontramos una construcción moderna, de material noble, ventanas de vidrio, pisos cerámicos, luces fluorescentes y baños con sanitarios y griferías de buena calidad. Es el edificio del nuevo centro de salud, perfectamente pintado y limpio pero aún vacío; sin mobiliario ni equipos. Su inauguración está prevista para el martes –dos días después del final de nuestra jornada- pero podría servirnos para atender este fin de semana a la población con nuestros equipos, en vez de las pequeños, oscuros y atiborrados ambientes de la antigua posta médica de Chaulisma.
Pero ¿Cómo es que un pequeño poblado cuya población subsiste de las pequeñas actividades agropecuarias que su complicada geografía le permite, puede darse el lujo de tener una pista bien mantenida y un moderno centro médico pronto a inaugurarse? Si los escasos terrenos agrícolas entre los empinados cerros se riegan con agua de lluvia, si los animales beben de pequeños y escasos manantiales ó puquios que brotan de algunos cerros, si no existe un solo baño en el pueblo con excepción del nuevo centro médico, si no hay actividad minera importante en la zona, está claro que su actividad económica no puede sustentar una inversión de esa magnitud ¿Quién mantiene la carretera y financia la moderna construcción?
No hay duda que Chaulisma es un pueblito con suerte. Las enormes tuberías que traen el gas natural desde la localidad cuzqueña de Camisea pasan muy cerca de Chaulisma y su antiguo camino se ha convertido en una necesaria vía de penetración para la construcción y mantenimiento del importante gasoducto. La empresa transportadora del gas le ha dado a Chaulisma una ventaja que no debe desperdiciar. El buen estado de su vía de comunicación cuyo costo no podría ser cubierto con su escasa producción, ahora le facilita el comercio de insumos y productos agropecuarios aumentando la velocidad de abastecimiento y disminuyendo las mermas. Chaulisma es un pueblito con tanta suerte que la empresa del gas le ha donado un moderno local para su centro médico que al momento de escribir esta nota, está siendo inaugurado y esperemos que pronto esté bien equipado.
Con la promesa de no ensuciar las paredes y devolver el local en perfecto estado, convencimos al encargado de su mantenimiento que nos permita atender a la población en sus grandes, limpios y bien iluminados ambientes en lo que sería una pre-inauguración muy efectiva con varios especialistas nunca antes reunidos en esta comunidad. La escuela nos prestó mesas y sillas é iniciamos la atención de decenas de casos de problemas respiratorios, alérgicos y auditivos; gastritis y otros problemas digestivos; tratamiento del dolor por lumbalgias, torceduras y artritis; problemas visuales é infecciones oculares, curaciones, extracciones dentales y prótesis dentales.
Llegó la noche. Parecía que la hora de descansar llegaría al fin pero no fue así. Esta noche somos los invitados de honor a una novena en la iglesia del pueblo. El parroquiano que dirige la novena llegó con el cuello bien abrigado envuelto por una larga chalina. Apenas subió al altar, desenroscó la chalina, la convirtió en estola y empezó con el rosario. A duras penas y fotografiando pintorescas escenas cumplimos con los rezos y al despedirnos cordialmente para ir a dormir nos sirvieron un tradicional ponche en base a aguardiente de caña que se brinda luego de las actividades religiosas y que nos cayó excelente para combatir el frío serrano.
La vivienda donde estaremos alojados se ubica frente a la plaza y junto a la iglesia en el punto más alto de la ciudad. Es fría. El aire helado se cuela entre la pared y las tejas del techo; los murciélagos también ingresan por ahí y algunas avecillas anidan en las cavidades. No hay interruptor para apagar el foco de luz; hay que desenroscarlo un poco para que no haga contacto. El foco estaba tan caliente y yo con tanto sueño que dejé la luz prendida. Puse una frazada debajo de mi bolsa de dormir y otra encima. Me puse un pijama de polar y… empezaron los cohetes, bombardas y fuegos artificiales que en medio del estruendo iluminaron el cielo de Chaulisma hasta la medianoche.
El aleteo de un murciélago atrapando los insectos que atraía la luz de mi dormitorio retardó un poco mi sueño. Revoloteaba alrededor del foco y luego se colgaba de una vigueta del techo a lamer los insectos que se pegaban en sus alas. Lo vigilé un rato pero finalmente el cansancio me hizo ignorarlo y me dormí. Antes de las cinco de la mañana un fuerte aleteo sobre mi cabeza me despertó pero esta vez no era el murciélago sino un pajarito que atraído por la luz del foco ingresó a la habitación por uno de los múltiples agujeros entre las tejas y como el exterior aún estaba oscuro, no pudo encontrar la salida. Aleteó por todos lados hasta despertarme por completo. Solo cuando amaneció, la avecilla pudo guiarse por la luz exterior y salir por uno de los agujeros más grandes y logré dormir un rato más hasta que nos llamaron a desayunar.El domingo la posta lucía llena de pacientes y tuvimos que acelerar la atención para cumplir con todos. A la una y media de la tarde culminamos la atención y cargamos los equipos en las camionetas para recorrer de día la parte más peligrosa del camino, pero habría una sorpresa más… en una casa situada a la salida del pueblo encontramos a nuestros anfitriones desenterrando de entre unas piedras calientes una riquísima pachamanca de cordero, yuca, habas y diversas variedades de papa acompañada con un buen queso y excelente pisco puro de Ica. No nos importó llegar a Lima a la medianoche porque definitivamente este magnífico buffet cordillerano fue un cierre de jornada con broche de oro.

domingo, 12 de abril de 2009

AMANECER PAMPINO 27 de Enero del 2009




Estamos remontando el río Santa en plena noche, por el camino que une Chimbote con el Cañón del Pato. El potente pero antiguo bus construido sobre chasis de camión, sube lentamente por un camino afirmado con regular mantenimiento. Nuestro destino es Corongo, en el extremo norte de la Cordillera Blanca en su ladera oriental.
Pocos kilómetros antes de llegar a Huallanca, donde se unen las Cordilleras Blanca y Negra que forman el Callejón de Huaylas, debemos cruzar a la otra orilla justo donde el cañón se va angostando y el camino pegado a la Cordillera Negra tiene apenas espacio entre la gran montaña y el río. El puente es totalmente transversal al camino y para entrar en él, el espacio es tan pequeño que el bus debe girar en dos tiempos, retrocediendo y volviendo a girar hasta encajar.
Al llegar a la otra orilla, empezamos a subir la ladera por un serpenteante camino con curvas tan endemoniadas que en muchas ocasiones, como sucedió en el puente, el bus no puede terminar de virar y con más de 50 pasajeros a bordo el chofer debe retroceder, totalmente a oscuras, dejando la cola en el precipicio para luego retomar la curva y continuar el ascenso por la muy empinada cordillera. Es mejor no pensar en hacer este viaje con lluvias que afortunadamente aún no empiezan en esta zona. Es el extremo norte de la Cordillera Blanca y al sobrepasarla entraremos en el valle del río Manta afluente del Santa.
Tras casi dos horas de ascenso hasta sobrepasar los 4000 metros de altitud, empezamos a bajar hasta llegar a las tres de la madrugada al puente sobre el río Manta que atraviesa una grande y hermosa pampa a solo 1800 m.s.n.m. y un excelente clima. El bus se detuvo en el caserío llamado La Pampa donde esperaban varios vendedores de frutas de la zona. La tunas y las limas tienen gran acogida entre los viajeros y al partir el bus, los vendedores regresan a sus casas satisfechos con el producto de su venta nocturna. El bus empieza nuevamente a subir y en cada curva del camino podemos ver un bellísimo amanecer sobre La Pampa. La empresa de buses que nos trae por estos peligrosos caminos se llama “AMANECER PAMPINO” y recién ahora comprendemos el origen de tan llamativo nombre.
El motor vuelve a rugir mientras enfrenta la cuesta y las curvas para llegar esta vez hasta 3200 m.s.n.m. a la ciudad Corongo a orillas del río del mismo nombre. Mucha gente ha oído hablar de este lugar gracias a la fama de Las Pallas de Corongo. Las Pallas son danzas que ejecutan las mujeres coronguinas en filas de a dos, acompañadas por tambores y violines, ataviadas con grandes tocas y luciendo vestidos largos con hermosos bordados. Estos trajes han sido la inspiración para los estilizados vestidos de nuestras reinas de belleza en certámenes internacionales obteniendo con frecuencia el reconocimiento a mejor traje típico.

El Alcalde de Corongo nos recibe a las 6 de la mañana en la Plaza Mayor. Es médico Odontólogo y a través de su hija, amiga nuestra, también Odontóloga, ha gestionado el apoyo de nuestro grupo de acción social para atender a su población en las especialidades de Medicina General, Odontología, Oftalmología y por supuesto la Optometría y la Óptica para atender las recetas del oftalmólogo. De inmediato, el alcalde dispone transportar nuestros materiales, equipos é instrumental al Centro de Salud y nuestro equipaje es llevado a un hospedaje ubicado en la misma plaza y ¿Cómo creen que se llama el lugar?...justo lo que necesitamos con urgencia tras un viaje de 18 horas desde Lima: ALOJAMIENTO “QUE RICO DESCANSO”.
Ayer partimos de Lima a las 2 de la tarde, desde el terminal de buses de Fiori en la Panamericana Norte y a las 8 de la noche paramos a cenar cerca de Chimbote en un restaurant de carretera llamado “EL BUEN ELEGIR”. Los platos sencillos como lomo saltado ó los tallarines y hasta el arroz chaufa estuvieron agradables, sin embargo a uno de los médicos se le ocurrió pedir una sopa de cangrejo y no tardó en quejarse con el mesero: “Este cangrejo parece de plástico; sólo está de adorno; la sopa no sabe a nada”. En los restaurantes de carretera es mejor fijarse en lo que pide el chofer.
Hemos descansado apenas dos horas en el Alojamiento y ya nos llaman a desayunar un delicioso caldo de gallina, pan con queso y huevos fritos. A las 8:30 am la gente ya está formando cola para la atención de los especialistas. La demanda es enorme. Felizmente el local es grande y los médicos disponen de ambientes apropiados.
En un consultorio, uno de los Odontólogos hace moldes para fabricar dentaduras postizas. Es un experto en prótesis dentales. En el consultorio vecino, tres Odontólogas -entre ellas la hija del Alcalde de Corongo- curan casi mágicamente todas las piezas dentales posibles y solo extraen las insalvables. Los cuatro forman un equipo envidiable. Nunca pierden la sonrisa a pesar del cansancio y con su carisma logran el apoyo voluntario de todo el personal del Centro de Salud.
En otro consultorio el Médico General atiende sin parar diversos casos de gastroenterología, parasitosis, artritis, lumbalgias, cefaleas y traumatismos diversos. Es un experto en tratamiento del dolor y entre la medicina alternativa domina también la acupuntura.
El Oftalmólogo y yo hemos invadido el consultorio del director del Centro de Salud y hemos cambiado temporalmente la disposición del mobiliario y la camilla para las cirugías, la medición de vista y la selección de monturas para anteojos. Mientras el médico hace los tratamientos y las cirugías, yo hago las mediciones de vista, asesoro a los pobladores en la selección de la montura más apropiada y preparo los pedidos para enviar desde Lima en uno de los próximos viajes del bus de “AMANECER PAMPINO”.
Durante el intermedio para almorzar y al atardecer después de la atención, recorremos a pié las calles finamente empedradas de la ciudad, visitamos su Plaza Mayor, su nuevo y bien ubicado hotel a punto de inaugurarse y su antiguo puente de piedra tallada. La ciudad está muy limpia, su gente es acogedora, tienen aguas termales cercanas que podrían mejorar su infraestructura todos están a la espera de mayor afluencia turística pero deben resolver su punto crítico: Su conección con el resto del Callejón de Huaylas requiere de una gran inversión en obras viales desde Corongo hasta Huallanca donde ya todo el camino es pista asfaltada.
Seguimos trabajando y además de los problemas visuales más comunes, encontramos muchos casos de carnosidades en los ojos (Pterigion) producidas por exceso de exposición a la radiación ultravioleta. También son comunes las obstrucciones del conducto lacrimal. Cuando se obstruye el conducto de drenaje de las lágrimas que une el ojo con la garganta, el excedente de lágrimas sobrepasa la capacidad de contención de los párpados y el contínuo lagrimeo produce inflamación crónica de los párpados. Para felicidad de los pacientes, el Oftalmólogo de nuestro grupo ha diseñado el método y construído los instrumentos para reabrir el conducto lacro-nasal mediante trépano-punción. Es emocionante ver las caras de alivio de sus pacientes cuando sus párpados dejan de irritarse por el constante lagrimeo. Con este procedimiento quirúrgico recuperan el drenaje normal de sus lágrimas después de lubricar el ojo.
Muchos adultos mayores acuden para recuperar su visión cercana con los lentes apropiados para la presbicia, entre ellos hay sastres y costureras, mecánicos y artesanos. Son tres días de intenso y emotivo trabajo. La gente llegó desde anexos y comunidades vecinas gracias a la difusión lograda por el personal municipal y de salud.
El último día de atención coincide con el Aniversario de la creación de la Provincia de Corongo y pudimos disfrutar del almuerzo comunal y el gran desfile de las Pallas de Corongo con sus tradicionales vestidos y música típica. Han asistido todos los alcaldes distritales y personal del Instituto Nacional de Cultura.
Es hora de partir. Mañana todos tenemos trabajo en Lima. El bus solo espera por nosotros pero la cola de pacientes continúa y nos parte el corazón dejar de atender a personas que caminaron varias horas y esperaron desde la madrugada por una atención especializada. El bus se fue. El alcalde tuvo que disponer que al finalizar la atención, una movilidad municipal nos lleve hasta Caraz para conectar con buses a Huaraz y luego a Lima. Es una camioneta 4 x 4 moderna, con suave suspensión y buen radio de giro apta para estos caminos. Todo parece salir a la perfección hasta que la lluvia hizo su debut y la serpenteante carretera de bajada al río Santa se rompió interrumpiendo el tráfico. Hay una cola de vehículos de bajada y otra mayor de subida pero con la esperanza de cruzar antes del anochecer pues ya la brigada del Ministerio de Transportes está en plena reconstrucción. Menos de una hora después el camino es reabierto y en poco tiempo llegamos a la hidroeléctrica de Huallanca en el Cañón del Pato y luego a Caraz Desde allí ya pudimos conectar con buses a Huaraz y a Lima, hacer un meteórico turismo por el centro de Huaraz y saborear un pollito a la brasa antes del retorno. Esta vez si conseguimos un moderno bus-cama que partió de Huaraz a las 10 de la noche y amaneció en Lima. Estaba tan cansado que viajé toda la ruta prácticamente inconsciente. Cuando abrí los ojos estaba en Puente Piedra.

TAN CERCA PERO …TAN LEJOS




Son las 8:30 de la mañana del domingo 7 y llevamos más de doce horas sin comer. Al fondo de una quebrada, a lo lejos, se distinguen unas casitas entre los árboles y el humo de una cocina de leña. Hemos tenido que bajar del microbús destartalado que nos traslada al pueblo de San Miguel de Malvas porque con el exceso de peso se apaga el motor en las cuestas mas empinadas. La parrilla sobre el techo está repleta de maletines con el equipaje, una compresora de aire, equipos médicos, anteojos y medicinas y el peso es excesivo para las cerradas curvas de la trocha. También tuvimos que bajar antes de algunas curvas muy cerradas y llenas de baches y piedras.

El presidente del Club de Leones de Huarmey, quien nació en el pueblito de San Miguel, nos ha convocado a un grupo de médicos y a mí para realizar una jornada médica gratuita durante el feriado largo por el día de La Inmaculada Concepción. Los informes previos indican que esta población necesita atención especializada principalmente en Odontología, Oftalmología y Medicina General y ahí vamos con nuestros equipos, cuatro odontólogos, un médico general, un oftalmólogo y yo, con mi óptica ambulante.


Anoche a las 7 salí de casa hacia el terminal de buses de Fiori en la Panamericana Norte. Pensé comer algo en la estación ó en el camino pero en el primer caso la comida no era de fiar –menos si el viaje es largo- y en la carretera fue imposible pues el bus solo se detuvo para recoger a vendedores ambulantes de dulces caseros y rosquitas de baja calidad y peor salubridad.

Subimos al bus para Huarmey a las 10 de la noche pero sólo partirá cuando esté lleno y esto sucedió recién a la medianoche. El chofer maneja despacio –lo que nos tranquiliza- pero en la ruta bajan y suben pasajeros y vendedores de gaseosas y comida así que no puedes descuidar ni un segundo tu equipaje de mano. A las cinco y media de la madrugada llegamos a Huarmey a un poco más de 300 kilómetros al norte de Lima. Tras comprar unos paquetes de galletas y unas bebidas, cargamos todo de forma muy rudimentaria en las pequeñas parrillas posteriores de cuatro mototaxis y nos trasladamos hasta la estación del microbús a San Miguel. Increíblemente todo el equipaje llegó completo. Estando todo tan a la mano de cualquier transeúnte, sin amarras y a oscuras, temíamos perder algo pero tuvimos suerte.

Recorrimos 75 kilómetros para llegar de Huarmey hasta San Miguel, un pequeño pueblo sobre un río aún más pequeño, afluente del río Malvas, a su vez afluente del río Huarmey.

Una serpenteante, empinada, pero buena pista asfaltada de penetración hacia la cordillera negra auguraba un mejor final del viaje pero tras una hora de viaje para recorrer los primeros 40 kilómetros se derrumbaron nuestras ilusiones. Terminó el asfalto y entramos a una trocha angosta y en mal estado. Faltaban solo 35 kilómetros para llegar hasta San Miguel pero tardamos dos horas y media más.

Pasadas las nueve de la mañana del domingo ya estamos, por fin, en el destino. Instalaremos los consultorios en las aulas del colegio del pueblo pero es feriado y hay que ubicar al profesor que tiene las llaves para guardar todo antes de tomar nuestro muy ansiado desayuno. Llegó el profesor y llegó la hora de desayunar. Acompañados por una taza de café instantáneo de marca poco conocida y procedencia ecuatoriana, devoramos rápidamente un plátano y una palta cada uno. Luego a trabajar que la gente ya está esperando la atención médica.

Este vallecito eminentemente agrícola, está a una altitud menor de 1500 metros s.n.m. y el clima es delicioso. Hay sol todo el año y los pobladores están orgullosos de las frutas que producen aunque se trata de muy pequeña escala debido a los problemas que afrontan los minifundios. La pequeña propiedad rural se atomiza de generación en generación y la población se empobrece y envejece pues muchos jóvenes emigran buscando un futuro mejor. Nuestra labor por lo tanto es solo un paliativo ante la ausencia del estado é inacción del gobierno central y gobierno local.

A sólo 75 kilómetros de la Panamericana Norte, tan cerca pero …tan lejos, San Miguel de Malvas, en el departamento de Ancash, no logra solucionar sus problemas básicos ni siquiera con el apoyo del canon minero. Para ampliar su frontera agrícola, su escarpada geografía les presenta grandes retos para irrigar, crear minirepresas é invertir en riego tecnificado.

Las autoridades no demuestran capacidad en realizar proyectos de desarrollo pero si gastan enormes cantidades de concreto y fierro en una Plaza Mayor con pileta y en un Palacio Municipal desproporcionadamente grande para un pobre y pequeño pueblo con viviendas de adobe mientras su posta médica no tiene ni una aspirina y los sanitarios de su escuela están en estado lamentable.

Un pequeño gigante, el Dr. Dacio Maldonado, es solicitado predominantemente para tratamiento del dolor. La mayoría de los pacientes son agricultores son de edad avanzada y el esfuerzo de la siembra y la cosecha ya les produce dolores musculares en piernas, brazos y espalda.

Los odontólogos, tres mujeres y un hombre, atienden sin parar; curan caries, preparan dentaduras postizas y extraen piezas dentarias incurables. Noemí Canchari, Jessica de la Cruz y Norma Ochoa han formado un excelente equipo odontológico con Leo García, dentista genial capaz de reimplantar piezas dentales con total éxito, tras ser extraídas para curar sus caries en las zonas más inaccesibles. Tiene además una vitalidad a toda prueba y gran experiencia en este tipo de jornadas.

El oftalmólogo Alfredo Otero, creador del método é instrumentos para eliminar la obstrucción del conducto lacro-nasal, también diestro en estas lides, está siendo solicitado básicamente por gente mayor con problemas de visión de cerca –presbicia-, obstrucciones lacrimales y daños en los ojos por exceso de radiación ultravioleta del sol. Yo me encargo de atender las recetas de anteojos de medida y de protección contra rayos ultravioleta. Las carnosidades que producen este tipo de radiación solar en la zona son muy notorias y muy molestas por el continuo ardor, enrojecimiento y lagrimeo.

En todos los consultorios, la mayoría de los pacientes son adultos mayores. También hay algunas madres con niños pequeños pero la gente joven escasea pues emigra en busca de oportunidades mientras algunos ancianos insisten tercamente ante sus indolentes autoridades, que inviertan en irrigar muchas fértiles laderas jamás labradas como única forma de disminuir los efectos de la atomización de las pequeñas propiedades rurales.


Por la noche, después de cenar un delicioso picante de cuy, el profesor nos sorprendió con un recital de arpa mientras su esposa con su linda voz entonaba un amplio repertorio de huaynos. Los pobladores nos dieron alojamiento en sus casas y se esforzaron por darnos dentro de sus posibilidades, una cama limpia y abrigada.
El lunes 8 de Diciembre –Día de la Inmaculada Concepción- continuamos la atención durante la mañana y por la tarde emprendimos el retorno a Lima con una mescolanza de sentimientos. Por un lado la gran satisfacción de haber atendido todas las consultas solicitadas, y por otro, la sensación de impotencia al dejar una población con grandes dificultades para conseguir programas de desarrollo autosostenido. Solo nos queda el consuelo de los dulces gestos de la gente que nos hizo sentir su agradecimiento entregándonos bolsitas con frutas ó con su mejor pan de maíz.

SUEÑOS DE SONIA 14 de Octubre del 2008




Sonia, joven estudiante de medicina en Lima, conoció San Jerónimo -pueblo natal de su madre- y se impresionó con la belleza de sus paisajes, los cerros cultivados hasta las cimas y los colores de su cielo al atardecer. Visitó la hermosa laguna de Pacucha; desde las ruinas Chankas de Sóndor divisó todos sus valles y sus serpenteantes caminos al borde de los precipicios. Disfrutó de las tibias y saludables aguas termales de Hualalachi y reprodujo el sonido de campanas golpeando las piedras huecas y metálicas del cerro Campanayoc. En San Jerónimo, distrito vecino a Andahuaylas, probó sus quesos en deliciosa combinación con mote ó con mermelada de sauco. Pero todas esas maravillas no lograban calmar su sentimiento de angustia al ver a su alrededor tanta gente en extrema pobreza, la misma pobreza de la que su madre –Leonarda- había logrado escapar con mucho esfuerzo y con la invalorable ayuda de una persona de bien que cumplió la promesa que hizo ante la pila bautismal cuando aceptó ser su padrino.

Leonarda durante su niñez, se ganaba unos centavos trabajando para aumentar el exiguo presupuesto familiar pero su trabajo no le permitía asistir a la escuela, condenándola al círculo vicioso de la ignorancia y la pobreza.

Su padrino al verla trabajando con su ropa raída y sus ojotas gastadas, habló con la madre y le pidió que ya no la envíe a trabajar. El se encargaría de su educación; le compró zapatos, uniforme, algo de ropa y la matriculó en un colegio particular. Para la pequeña Leonarda el cambio fue impresionante. Aunque su timidez, su ignorancia y su pobreza la convirtieron por un tiempo en centro de las burlas de sus compañeras, la niña supo sobreponerse a ello con gran dedicación a sus estudios dejando atrás el fantasma del analfabetismo y lograr con el tiempo viajar a Lima, formar una familia estable, convertirse en comerciante y con su esposo, sacar adelante a sus hijos.

Su hija Sonia soñaba contínuamente con el pueblo de San Jerónimo; no podía alejar de su mente la imagen de la pobreza que sufrían incluso muchos de sus familiares y repetía constantemente a su madre que al graduarse de médico iría a ayudar a sus pobladores más humildes. Leonarda, concentrada en su trabajo para afrontar los gastos de la casa y de la educación de sus hijos, no prestaba mucha atención a las insistentes peticiones de Sonia de hacer algo por su pueblo.

Poco tiempo después, Sonia la joven estudiante de medicina falleció afectada por leucemia, pero sus sueños solidarios no se fueron con ella.
Su madre –Leonarda- sobreponiéndose al inmenso dolor de perder a una hija joven y de futuro muy prometedor, dedicando su sufrimiento a Dios, decidió cumplir los sueños de Sonia y empezó con una energía envidiable a ayudar a los pobres de San Jerónimo y de las comunidades vecinas. Recibió y alojó en su casa a los enfermos, los ingresó a los hospitales de Lima, los acompañó y ayudó durante su convalecencia. Su trabajo desinteresado llamó la atención de médicos y directores de hospitales que ante su insistencia recibieron y ayudaron a los enfermos de San Jerónimo.

Nunca dejó de tocar puertas ni llamar por teléfono hasta conseguir atención para sus enfermos. Después de trabajar los visitaba, acompañaba y daba ánimos. Hasta conseguía pasajes donados por gente de buen corazón para regresarlos ya sanos a su pueblo natal. En esta labor consiguió el apoyo de médicos, enfermeras y voluntarios de varios hospitales del estado y hasta de un Ministro de Salud que se conmovieron ante tanta energía, tenacidad, desprendimiento y amor por el prójimo.

Las monjitas de los conventos de San Jerónimo no dudan en llamar a Leonarda cuando un enfermo necesita atención especializada ó traslado a Lima. Durante su sacrificada labor fue conociendo a varios médicos que se solidarizaron con ella. Leonarda organizó eventos y trabajó arduamente para conseguir fondos y financiar y organizar una jornada médica en San Jerónimo. Ella se impuso la meta de conseguir los pasajes para que sus amigos médicos viajen a Andahuaylas y trabajen sin cobrar durante 4 ó 5 días para los pobres de su ciudad natal en el vecino distrito de San Jerónimo.

Todos los años desde 1997 organiza jornadas médicas y coordina con varios médicos para fijar una fecha en que todos puedan viajar. Cada vez tiene más colaboradores desinteresados que la ayudan a recolectar fondos para financiar los viajes de los médicos, conseguir ropa para los niños, material educativo, artículos de higiene, material dental, anteojos y medicinas. Cuando alguno de los médicos especialistas no puede viajar, recomienda a un colega y lo usual es que este último se contagie del espíritu solidario y amoroso de Leonarda y se integre al grupo.

Para la jornada más reciente entre el 8 y el 12 de Octubre del 2008, a la que han asistido una Otorrinolaringóloga, una Pediatra, dos Médicos generales, dos Oftalmólogos y un Óptico, Leonarda ha recibido la donación de un equipo de atención odontológica y para su estreno ha logrado contar con la asistencia de tres Odontólogos.

Para desarrollar su obra benéfica ha recibido el apoyo de la Parroquia de San Jerónimo alojando a los médicos en la casa de retiros en donde además se instalaron tres consultorios y la Óptica. Las Hermanitas del Sagrado Corazón de María pusieron a su disposición la farmacia de su convento y tres consultorios más. Las Madres Carmelitas Descalzas del convento de clausura le prestaron su comedor y cocinaron delicias para la delegación con los alimentos que Leonarda les consiguió.

A lo largo de la jornada y por el simbólico pago de Un Sol se curaron cientos de caries y se fabricaron muchas dentaduras postizas; se trataron cientos de problemas de salud ocular y visual incluyendo lentes correctores; se trataron muchas dolencias de oído, nariz y garganta y cientos de adultos y niños recibieron atención médica especializada y medicinas. Leonarda está cumpliendo los sueños de su hija, los Sueños de Sonia y este es el nombre con el que este año ha bautizado a su Asociación Benéfica para formalizar su trabajo y canalizar la ayuda que recibe de amigos, familiares y colaboradores tanto del Perú como de Canadá, Bélgica, España é Italia.

El domingo, al terminar la jornada y pocos minutos antes de partir hacia el aeropuerto, el párroco de la Iglesia de San Jerónimo al bendecir el equipo odontológico donado que quedará bajo la custodia parroquial para la atención de su pueblo dijo:
“El ejemplo de Leonarda es como una cachetada que me hace reaccionar y tratar, como sacerdote, de hacer mucho más por mis feligreses”.
Todos los que la conocemos nos sentimos honrados por ello y nos consideramos afortunados al poder ayudarla a cumplir su labor y los Sueños de Sonia.

JORNADA MÉDICA EN LA CORDILLERA Octubre 2006




Los días están soleados y las noches estrelladas. Todos los cerros están siendo arados, listos para sembrar las mejores y mas variadas papas del Perú. Apenas lleguen las lluvias todas las laderas se pondrán verdes en Andahuaylas. La ciudad ha crecido mucho. Cuando vine por primera vez en el 2001 a una jornada médica, mi teléfono celular era visto como algo mágico. Hoy, además de celulares hay decenas de cabinas de internet a lo largo de los tres distritos principales en el valle del río Chumbao, Talavera, Andahuaylas y San Jerónimo que han crecido tanto que hoy forman prácticamente una sola ciudad.

Leonarda, nuestra extraordinaria amiga andahuaylina, tuvo que hacer denodados esfuerzos tratando de hacer coincidir los días libres de varios médicos especialistas para realizar la jornada médica anual en San Jerónimo, su pueblo natal. Finalmente ha logrado coordinar una fecha con los odontólogos, el cardiólogo, la otorrinolaringóloga, la médica general y el ginecólogo, pero uno de sus mas antiguos colaboradores, el oftalmólogo Alfredo Otero acaba de ser operado por un problema circulatorio en las piernas y aunque el está dispuesto a viajar, su médico no se lo aconseja por los cambios bruscos de altitud y mucho trabajo durante su convalecencia. Para complicar la situación, para las mismas fechas, mi hermana Cristy y yo tenemos programado el exámen visual del personal de una empresa pecuaria en el norte chico y que por su tamaño y la dispersión de sus núcleos laborales necesitamos al menos tres optometristas.

¡Me van a causar un infarto! –decía Leonarda- pues la atención de ojos y lentes son de los mas solicitados. Pero sus latidos empiezan a normalizarse cuando Alfredo consigue en su reemplazo a una joven pero experta oftalmóloga del Hospital Dos de Mayo –Dra. Bety Yañez- y yo conseguí quien me sustituya en la costa. El alma le volvía al cuerpo pues parece que todos podrán viajar el Martes 10 de Octubre y retornar el domingo 15.

En el aeropuerto de Andahuaylas por la baja presión atmosférica y poca sustentación, solo pueden despegar pequeños aviones y por la escasa demanda, sólo una línea aérea –AeroCóndor- cubre el trayecto Lima-Ayacucho-Andahuaylas y vuela solo tres veces por semana. No hay cupo para todos en el mismo vuelo. Tres tendrán que volar el jueves 12. Yo seré uno de ellos pues al llegar podré atender las recetas de las mediciones de vista de los días anteriores.

Un vuelo de 75 minutos en un bimotor Fokker 27 me llevó hasta el aeropuerto de Andahuaylas en la zona denominada Huancabamba a una altitud mayor de 3800 m.s.n.m. y desde allí bajé rápidamente hasta San Jerónimo -3000m- en una camioneta Station Wagon. Como el descenso es casi contínuo, noté que el chofer apagaba el motor de tramo en tramo para ahorrar combustible; maniobra peligrosa pues en caso de un desperfecto o en la necesidad de frenar bruscamente, hay poco control del vehículo. Ante mi advertencia reflexionó y dejó de hacerlo.


Como en años anteriores, el párroco de San Jerónimo, el padre Domingo, tuvo la gentileza de alojarnos en la casa de retiros que está a la vuelta de la iglesia. En el salón mas grande, los doctores Oscar Pérez y Leocadio García instalaron los consultorios dentales y la doctora Bety Yañez, el oftalmológico. A su lado, una gran mesa me sirvió para la óptica. La doctora Iris Stucchi, joven otorrinolaringóloga, utilizó una pequeña capilla tras el patio y atendió innumerables oídos tapados por cerilla, sinusitis, faringitis y una que otra amigdalitis.

Cuando llegué a San Jerónimo el jueves a las 10 de la mañana, empecé a atender las recetas de inmediato pues la Dra Yañez estaba trabajando desde dos días antes y se juntaron a mi alrededor todos los pacientes. Ni siquiera tuve tiempo de dejar el equipaje en el dormitorio. Hombres y mujeres de todas las edades, estudiantes con cansancio visual, mayores analfabetos con problemas para coser, bordar ó remendar; curar heridas ó hacer reparaciones pequeñas. Personas con conjuntivitis alérgicas ó con carnosidades producidas por el fuerte sol serrano y ancianos con cataratas. Tras un brevísimo lapso para el refrigerio, continuamos atendiendo hasta la noche tratando de ignorar el soroche que empezaba a molestar.


A cuatro cuadras de allí, en lo alto de una calle muy empinada, en el Convento de las Hermanitas Misioneras del Sagrado Corazón de María –uuffff, este nombre es tan largo como la cuesta para llegar al convento- se instalaron la doctora Roxana Huamantuma, medicina general, el cardiólogo Antonio Linares y el ginecólogo Dante Mendoza,. Este año, los médicos han traído un equipo de ecografía para lograr mayor velocidad y certeza en sus diagnósticos. La cola es enorme arriba en el Convento y aunque el trabajo fue agotador, los médicos no hicieron notar su cansancio. Solo con imaginarme cuántas polleras habrá levantado el ginecólogo ya me da taquicardia. En la noche, reunidos, compartíamos nuestras experiencias. Quienes asistieron por primera vez estaban sorprendidos del orden que permitió atender a mucha gente en poco tiempo.

La demanda por la atención médica ha sido descomunal. Cada especialista atendió un promedio de 100 pacientes por día y quienes no alcanzaban turno, tenían que regresar al día siguiente muy temprano a pedirlo. Muchos pacientes campesinos no hablan ni pizca de castellano y nosotros no sabemos quechua. Las novicias del convento, todas bilingües, apoyan sin desmayo en la traducción y en el trabajo administrativo. Organizan el ingreso ordenado de los pacientes, registran sus datos y anotan los diagnósticos y tratamientos y no pierden la sonrisa durante toda la jornada.

Cada año aumenta la demanda por lentes de sol con protección UV y lentes para visión cercana. Ese día, yo estaba probando el primer lente de su vida a una señora analfabeta de 60 años. Cuando le dí una cartilla con figuras de diferentes tamaños, ella se lanzó a hablar en quechua una larga alocución. No tenía cuando parar. Le pedí a la intérprete que le avisara que el lente podía causarle un mareo inicial, pero la señora no paraba de hablar:
-¿Qué está diciendo?- pregunté
-¡Está describiendo todos los dibujos de la cartilla, formas, colores, tamaños!-Dijo la intérprete- ¡Está emocionada porque ve muy bien. Ella creía que se estaba quedando ciega!

Un anciano sin dientes llegó el jueves muy temprano, esperó con paciencia su turno y pidió dentadura postiza completa arriba y abajo. El viernes por la noche la probó, el sábado le hicieron unos ajustes y el domingo en la madrugada fue a despedirse del dentista con la sonrisa de oreja a oreja. Al atardecer, cuando la iluminación escaseaba en los improvisados consultorios odontológicos, Mary Palla, una colaboradora italiana, tomaba una lámpara de mano é iluminaba la boca de los pacientes durante horas –sin pensar en el dolor de espalda del día siguiente- hasta que los médicos habían concluido las curaciones, las extracciones y las dentaduras postizas.

Mary Palla vive en Italia y viene cada año con donaciones para la jornada médica; luego regresa a su país con fotos, videos é informes que le ayudan en su recaudación para la siguiente campaña. Su hermano vive en el Perú y su esposa –Norma- una peruana de gran corazón, colabora con la organización.

Las cenas fueron muy frugales pues la digestión es muy lenta en la altura. Un poco de pan serrano sin miga con mermelada de sauco, unos enormes granos de mote, algo de queso para los famélicos y una gran taza de mate de coca para contrarrestar el soroche.

El viernes la atención fue en Cupiza, una comunidad en las alturas de Andahuaylas a pocos kilómetros de ahí pero la carretera es difícil y el viaje demora casi dos horas. Es una pampa alta, ventosa y fría pero con pobladores muy acogedores. El padre Domingo fue muy gentil al prestarnos su nueva camioneta pick-up de doble cabina para trasladar hasta allá, la compresora para los equipos odontológicos y el ecógrafo. Durante la campaña del año pasado, su auxiliar, un joven sacerdote sin experiencia en manejo en cordillera se desbarrancó con su antigua camioneta. El curita quedó gravemente herido y la camioneta se volvió chatarra.

Mientras se efectuaban las consultas, un grupo de comuneros se dedicaron a preparar chicharrones de cerdo para brindarnos un refrigerio al terminar el trabajo. Algunos pobladores de San Jerónimo y Andahuaylas al enterarse del lugar de atención del viernes, se trasladaron hasta Cupiza é hicieron allí su cola.

Una campesina aprovechó la visita de los médicos para bautizar a sus hijos y pedirle a dos de ellos que sean los padrinos. Iris Stucchi y Leocadio García fueron los elegidos. La noche del sábado durante la misa se celebró también el bautismo de los niños y luego el Dr. Linares nos sorprendió a todos preparando unos deliciosos tallarines saltados con lomo y filetes a la parrilla con ensalada. Antes de hacer maletas, los promotores, los médicos, los colaboradores, el padre Domingo y el óptico, brindamos por el éxito y la acogida de la jornada médica en San Jerónimo.

El domingo a las 6 de la mañana partimos hacia el aeropuerto en dos grupos. Uno de ellos en la camioneta de doble cabina de la parroquia junto con todo el equipaje y el otro grupo en el que me encontraba, nos embarcamos en un taxi cuyo motor no quería encender y tuvo que deslizarse por la calle en bajada hasta lograr arrancar con la viada.
Antes de iniciar la serpenteante y larga subida hacia el aeropuerto, el chofer se detuvo a llenar combustible sin apagar el motor, seguramente temiendo que nuevamente falle el encendido y sin preocuparse que su irresponsabilidad podría causar un accidente.

Inició el camino de subida a gran velocidad para compensar el retraso en la estación de combustible. Ya empezaba a salir el sol entre los cerros. El parabrisas estaba muy sucio y cada vez que el taxi entraba en una quebrada y el sol alumbraba directamente su vidrio, el chofer se quedaba sin visibilidad y la recuperaba a la sombra del siguiente cerro. Estaba comentando con Leocadio y con Dante que debería detenerse a limpiar su vidrio cuando el chofer intentó bajar el protector para sol y durante ese segundo de distracción lo sorprendió una curva hacia afuera y se siguió contra el cerro, cayendo en una profunda cuneta entre la pista y el cerro. El taxi quedó totalmente inclinado hacia un lado y sin posibilidad de salir. La esposa de Dante estaba en el lado de la puerta que quedó hacia abajo y todos le caímos encima golpeándola contra las manijas. Temimos una fractura ósea pero felizmente fueron solo hematomas.
Logramos salir del vehículo sin daños serios y empezábamos a preocuparnos por no perder el avión cuando se detuvo una camioneta del Ministerio de Salud con una funcionaria que debía tomar el mismo vuelo y nos trasladó hasta el aeropuerto a tiempo para embarcarnos. El pequeño avión Fokker 27 tras sobrevolar las cordilleras de Apurímac y Ayacucho bajo un sol esplendoroso, empezó a descender cerca de Cañete, zambulléndose en las eternas nubes costeras hasta aterrizar en nuestra siempre húmeda Lima. Al llegar y despedirnos agradecimos a Dios que una jornada tan positiva no haya terminado en tragedia.

San Benito. Jornada Relámpago. 24 de Julio del 2006




Subiendo por el valle del río Chicama cerca de Trujillo, después de atravesar la Hacienda Casagrande, hemos cruzado y dejado atrás dos ramales cordilleranos y la camioneta pick-up de doble cabina empieza a descender por un estrecho y sinuoso camino hacia un pequeño valle situado en el límite sur de la provincia cajamarquina de Contumazá con la provincia de Trujillo en La Libertad. Esta es la época mas seca de la sierra y el verde está ausente en los cerros cuyo color varía contínuamente desde un gris a un rojizo. De pronto entre estos tonos predominantes aparece un cerro con acantilados blanquecinos que anuncian las minas de cal de esa zona.

El paisaje es semidesértico, rocoso y repleto de cactus. Después de pasar la cordillera y a medida que bajamos hacia el vallecito interandino del río San Benito, afluente del Chicama, el clima se va tornando mas cálido. Apenas empezamos a ingresar al valle, encontramos un pequeño caserío de adobe, una iglesia a medio construir, varios perros vagando libremente y un sinfín de algarrobos que le dan el nombre al lugar: El Algarrobal cuyos bien alimentados cabritos son muy cotizados por el sabor de su carne. Los cactus, los rebaños de cabras y algunos burros bajo los algarrobos me recuerdan el paisaje piurano del valle del río Quiroz, entre Sullana y la La Tina en la frontera con Ecuador.

Sobre la pendiente de uno de los cerros divisamos el pueblo de San Benito apenas a 1100 m.s.n.m. Tiene solo dos calles largas paralelas, la de entrada en subida que llega hasta la plaza y la de salida en bajada, con cuatro ó cinco pequeñas transversales y un aspecto muy apacible y acogedor lo cual fué permanentemente confirmado por la cordialidad de su población, que no alcanza los tres mil habitantes. Viaja conmigo el Dr. Luis Arévalo, oftalmólogo, con quien partimos un día antes desde Lima y el Dr. Alva, ginecólogo, nacido en San Benito. Acudimos al llamado del alcalde para participar durante el fin de semana en una jornada médica de acción social a la que se unirán varios médicos más entre pediatras, odontólogos, cardiólogos y clínicos generales.


La camioneta pick-up de doble cabina que nos recogió en Trujillo a las 8 de la mañana, se detuvo frente a la casa del alcalde de San Benito. Nos esperaba con el plato especial del lugar, un suculento seco de cabrito con frejoles, yuca sancochada y salsa de rocoto. De inmediato -aunque el almuerzo y el gran trajín del viaje invitaban a una siesta- empezamos la jornada sabatina en el Centro de Salud y que se prolongó hasta las ocho de la noche. y solo la adrenalina nos mantuvo de pié. Es que para llegar hasta aquí, trabajamos todo el día viernes sin parar alistando los equipos, medicinas y lentes para el viaje de esa noche a las 10. Viajamos durante diez horas hasta Trujillo en un trayecto que los buses recorren normalmente en ocho pero que se prolongó por causa de la lluvia y de unos policías corruptos que se apostaron en el peaje de Huarmey a pasar el sombrero y agenciarse su gratificación por Fiestas Patrias ocasionando una fila descomunal de ómnibus.

Con todo este trajín, después de cenar dimos una vuelta por el pueblo y caímos como troncos. Dormí de corrido hasta las 7 de la mañana sin escuchar ni el canto de los gallos ni los rebuznos de los burros, despertadores naturales de las zonas rurales.



La posta médica que normalmente cuenta con dos enfermeras y ocasionalmente con un joven médico cumpliendo su servicio obligatorio al estado para graduarse(SERUM). ha sido invadido por médicos especialistas y la población ha acudido en masa. El local es amplio, con sala de espera y seis ambientes. Para contar con un consultorio más, hemos trasladado temporalmente la Farmacia a una carpa frente a la posta. El amplio local, con sala de espera y seis ambientes

Hasta el momento en que llegamos a San Benito, ni el Dr. Arévalo ni yo teníamos la información exacta de la ubicación del pueblo, ni de su tamaño, población y clima. Solo sabíamos que subiríamos a la sierra a la altura de Trujillo, así que vinimos con ropa bien abrigada pero nos dimos con la sorpresa de un clima tan benigno que durante el día nos mantuvimos en mangas de camisa y solo al anochecer, después del trabajo, nos pusimos una casaca encima. Las chompas de lana se quedaron en el maletín. Mi pijama de polar fue demasiado calurosa a pesar de dormir con la ventana totalmente abierta. Gracias a su buen clima, San Benito produce uvas de mesa de primera calidad y todo tipo de hortalizas y legumbres. Su pueblo cuenta con un jardín de infantes y guardería que facilita a los padres reintegrarse al trabajo. Me sorprendió encontrar un Centro de Recuperación para enfermos y ancianos, con áreas verdes y piscina. Los pobladores saben del turismo ecológico y de los amantes de la naturaleza y para acogerlos, están terminando de construir un hotel en la plaza.


Como era nuestra primera visita y no teníamos idea de la demanda por consultas médicas, nos quedamos tan cortos que el alcalde ya está planificando una segunda jornada. Los odontólogos vieron con sorpresa como se agotaba la enorme cantidad de cargas de anestesia y la cola para tratamiento dental y extracciones continuaba. Mientras el oftalmólogo examinaba, recetaba y operaba, yo medía la vista y los lentes salían uno tras otro hasta agotarse. El pediatra, con una paciencia oriental, atendía sin parar a una interminable cola de niños mientras que en la calle, junto al Centro de Salud, tres auxiliares impartían nociones elementales de higiene y efectuaban lavado y corte de pelo.

Al atardecer del domingo, el oftalmólogo estaba realizando una cirugía para corregir una malformación de párpado llamada Entropión, que dirige las pestañas contra el ojo, produciendo irritación y dolor constante. La luz natural disminuía y la iluminación artificial resultó insuficiente para ver con claridad el fino y transparente hilo de sutura. Mientras yo alumbraba de cerca con mi pequeña linterna de mano, una joven auxiliar con excelente vista ayudaba al médico a hacer lo nudos y terminar la operación.

Sin embargo, las sonrisas de los agradecidos pacientes no eran suficientes para contrarrestar el sentimiento de frustración por los casos imposibles de tratar ú operar en condiciones tan desventajosas. Una señora de 75 años que luego de pasar consulta y recibir sus medicinas para una artritis avanzada que la obligaba caminar con andador, se presentó para consulta oftalmológica por baja visión a la hora del cierre de la campaña. Una carnosidad –Pterigión- le cubría la córnea de uno de los ojos hasta la zona de la pupila. La única solución era la quirúrgica pero su estado de salud, su alergia a la penicilina y lo laborioso de este tipo de cirugías que demanda una hora de trabajo con buena iluminación y control médico post-operatorio durante tres días, hicieron imposible su intervención hasta la próxima campaña. Mostrándose muy comprensiva y sin perder su sonrisa, agradeció y manifestó que para la siguiente jornada médica se presentará a la primera hora del primer día.
Nos disponíamos a partir de regreso a Trujillo el domingo a las 6 de la tarde cuando una pobladora me pasó por la ventana de la camioneta una bolsa de delicioso pan serrano horneado a leña. Dos horas y media después estábamos en la Plaza Mayor de Trujillo haciendo tiempo para tomar el bus de las 10 de la noche que nos hizo amanecer en Lima. El lunes a las 7:30 de la mañana estaba en casa disfrutando con mi familia un desayuno con pan serrano, con el cuerpo algo cansado pero el espíritu totalmente renovado.

Ojos, oídos, dientes y…lentes para Juanjuí. 5 de Mayo del 2006




Habían transcurrido dos horas y media viajando apiñados en un pequeño microbús sin amortiguadores y ya teníamos adormecidas las sentaderas cuando nos detuvimos para estirar las piernas y comer algo. Sólo hemos recorrido 90 kms desde Tarapoto y aún falta una hora y media de camino por una carretera repleta de baches y encalaminado.

Estamos en el pueblo de Picota saboreando una cecina con plátano y vamos con rumbo a Juanjuí, una pequeña pero bella ciudad a orillas del río Huallaga. Que contraste tan grande con el vuelo de Lima a Tarapoto, de casi 700 Kms y que solo tardó 57 minutos.

Para llegar por tierra desde Lima se puede tardar 30 horas atravesando varias cordilleras y luego recorriendo la Carretera Marginal de la Selva, pues ninguna de las carreteras de penetración llega a Juanjuí directamente.


Paradójicamente, Juanjuí tiene un gran aeropuerto al borde de la ciudad, pero debido a la escasa población no resulta rentable para las líneas comerciales y solo tiene uso militar, por lo que para viajar vía aérea a la costa, solo puede usarse un esporádico vuelo de apoyo de la Fuerza Aérea ó viajar por tierra durante 4 horas hasta el aeropuerto de Tarapoto.

Estas dificultades ocasionan que su población sufra de muchas carencias, entre ellas el de los servicios de salud. Si bien cuentan con un hospital del estado, este solo tiene uno que otro médico general y gran déficit de medicamentos. En la ciudad hay médicos particulares pero el costo no está al alcance de los indígenas y de los campesinos más pobres.

Son las ocho de la noche cuando el microbús se detiene frente al Hostal El Edén a escasos 30 metros de la Plaza Mayor de Juanjuí que bien iluminada, limpia y con bonitos jardines, es recorrida pausadamente por los vecinos. Nuestros maltratados esqueletos se recuperan mágicamente al bajar de la incómoda movilidad y luego de guardar los equipajes salimos a caminar. El centro de la plaza tiene un monumento que representa a los restos arqueológicos descubiertos en el Gran Pajatén y sus necrópolis.

Juan Carlos Velásquez vive en Bruselas. Su padre es de Andahuaylas y su madre es de Juanjuí. El viaja al Perú cada año trayendo el aporte de amigos belgas que permiten pagar los pasajes para los profesionales que colaboran en estas campañas médicas gratuitas. Con su familia –su papá, una tía caritativa, sus hermanas que viven en el extranjero y un cuñado- ha formado el grupo de acción social “Amigos de Buen Corazón”.

Este grupo coordina con los médicos de varias especialidades hasta conseguir que todos puedan viajar en la misma fecha al lugar elegido y para facilitar la labor social, coordina también con las parroquias, con las autoridades locales y funcionarios de Salud y Educación. De esta manera se consiguen facilidades de alojamiento, alimentación y local para el trabajo médico.


El Restaurant La Selva, está en uno de los lados de la plaza, y en adelante nos dará pensión. Mañana, en el otro lado de la misma, empezaremos a trabajar en La Casa del Maestro, enorme local conseguido por gestión de una prestigiosa profesora del lugar.

A las ocho de la mañana del sábado 6, el enorme patio techado utilizado como auditorio empieza a llenarse de gente solicitando atención médica. Los especialistas están instalados alrededor de las bancas del auditorio que sirven de sala de espera. Con el aporte de todos se brinda consultas médicas gratuitas y tratamientos, además de dentaduras postizas y anteojos donados. Los pobladores con trabajo ó con mayores recursos que solicitan consultas privadas contribuyen con sus pagos a comprar mas material para la atención de los mas pobres.

Un odontólogo con dos asistentes, cura, extrae y prepara dentaduras postizas. Un otorrinolaringólogo con una asistente revisan uno por uno a una larga fila de pacientes de todas las edades. Una nutricionista asesora a las madres sobre la forma de obtener una alimentación balanceada con predominio de alimentos de la zona. Un médico clínico atiende varias dolencias y un oftalmólogo opera carnosidades, cura chalazios y orzuelos y mide la vista. A su lado yo colaboro con las mediciones y con la atención de las recetas de anteojos.

Durante la mañana mucha gente se dedicó a observar y a preguntar sobre la atención médica. Por la tarde la afluencia fue masiva. La temperatura bordeaba los 33° C. Empapados en sudor todos trabajamos sin parar hasta el anochecer. Hubo una gran demanda por lentes de todo tipo; la máquina del dentista no dejó de vibrar ni un minuto. El otorrino extraía tacos de cerilla de los oídos, curaba faringitis y alergias, mientras el oculista eliminaba una obstrucción del conducto lacronasal y en la mesa de la óptica, los pacientes escogían sus anteojos.

Mientras se desarrollaba la atención, un hombre joven de tez trigueña oscura y pelo lacio chuto, rondaba observando sin preguntar. Salió del local y momentos después regresó con un acompañante con una videograbadora. Al anochecer volvió a ingresar pero esta vez se identificó. Era el Alcalde de Juanjuí, quien estaba impresionado con la labor. Conversó con nuestro coordinador y le ofreció colaborar con nuestro alojamiento y alimentación para bajar nuestros gastos.

El domingo por la mañana llegaron además los pobladores de las comunidades vecinas. Había mas gente en los consultorios que en la iglesia del frente. Por la tarde fuimos a almorzar a un restaurant campestre junto al río Huallaga. Pedí un “zúngaro” a la parrilla, enorme y sabroso pez de río. Mientras lo servían, dejé mi teléfono celular junto a un murito que bordeaba el comedor y me puse a filmar a unas hormigas gigantes. Las mas grandes miden 12 cms. y caminan muy rápido. Al recoger mi teléfono había junto a el, un enorme gusano anaranjado con puntitos fucsias, casi del mismo tamaño del aparato. Me imaginé la tremenda mariposa en que pronto se convertirá.

Terminado el almuerzo, ante nuestra sorpresa, el dentista, Dr. Leo García se puso ropa de baño, se metió al río y con gran esfuerzo luego de ser arrastrado como 400 metros por la corriente, llegó nadando al islote del frente. Tras reponer un poco de fuerzas, caminó por la orilla contra la corriente y premunido de un palo a manera de bastón emprendió el regreso.

Estaba casi a la mitad del río cuando el bastón se rompió, perdió el equilibrio y se sumergió totalmente en la corriente. ¡¡Nuevamente a nadar.!! Con gran esfuerzo alcanzó nuestra orilla 300 metros más allá. Regresó caminando con la respiración muy agitada y reconociendo que había cometido una gran imprudencia.

La noche del domingo mientras paseábamos por la plaza repleta de gente, observamos que de una camioneta estacionada, bajaban un tremendo tablero, un micrófono y unos potentes parlantes. El juego de Bingo iba a empezar. Vendieron cartones en toda la plaza y apenas empezaron a cantar los números, todos guardaron silencio hasta escuchar el grito del ganador.

Nuestro odontólogo quien necesitaba reponer las energías perdidas en el río Huallaga, llegó a la plaza con una botella de UVACHADO, licor típico de esta zona de la selva que se prepara macerando uvas Borgoña en aguardiente de caña endulzado con miel de abejas. Tras un par de copas nos fuimos a dormir como angelitos. Mañana nos espera un arduo trabajo.

La afluencia de pacientes se mantuvo lunes y martes sin tregua. Los pacientes atendidos pasaron la voz a sus parientes y amigos
y las colas parecían interminables. Cuando al final de cada campaña, los pobladores nos preguntan ¿Cuándo regresan?, nos invaden sentimientos encontrados pues a pesar de la labor realizada queda mucho mas por hacer. Han quedado atrás muchos dolores de oídos y de muelas. Otros tantos vuelven a leer, coser y bordar sin dificultad.

Los anteojos con medidas complicadas serán fabricados en Lima y enviados por bus. La administradora de una cabina de internet me hizo un canje, sus anteojos de lectura a cambio de enviar cada noche, mis pedidos por internet a Lima.

El martes en la noche en sesión del Concejo Distrital de Juanjuí fuimos felicitados verbalmente y por escrito mediante una resolución de alcaldía y nos ofrecen mayor colaboración para la siguiente campaña.

El miércoles a mediodía emprendimos el regreso a Tarapoto en microbús. Esta vez está mejor de amortiguadores pero las llantas tienen tan poca cocada que casi se ve el aire de adentro. En Bellavista, un poblado en la ruta, una señora gritaba ¡¡Bajan, bajan!!
pero el chofer no detenía el microbús. ¡¡Bajan!! Volvía a gritar la señora y el chofer enmudecía mientras su máquina disminuía lentamente la velocidad. Finalmente se detuvo. La señora bajó renegando. El chofer y su ayudante también bajaron y anunciaron:
¡¡Bájense todos que voy a reparar los frenos que se han vaciado!!
Subieron la llanta posterior sobre unas piedras y se metieron debajo a buscar la cañería rota. Tan solo quince minutos después continuamos el viaje a Tarapoto.

A mi lado una señora lactaba su bebe de 4 meses y este no se inmutó ni con el calor ni con el viento ni con la tierra que entraba por las ventanas. Siempre sereno, mamaba, dormitaba, despertaba y sonreía…durante 4 horas contínuas.

A mi otro costado, una señora mayor llevaba un costalillo de polipropileno debajo de su asiento. Tenía cinco pollos de diferentes tamaños y cada cierto tiempo abría la bolsa, ventilaba los pollos, los acomodaba para que ninguno quede con la cabeza debajo y tal como hacían las señoras antiguas para planchar la ropa, se llenaba la boca de agua y la soplaba en forma de spray sobre los animalitos para reducirles el calor.

Llegamos al aeropuerto de Tarapoto a las 4 de la tarde. El vuelo de las 7 y 45 de la noche ha sido reprogramado para las 9 y 45 pm. por niebla en Lima. En tres mototaxis paseamos por la ciudad y fuimos a visitar a un señor que es una institución en la ciudad: Ghunter Arévalo del Aguila, ex presidente del Club San Martín y del Club de Leones, promotor y aupiciador de varias campañas médicas gratuitas en Tarapoto y Lamas. La gente dice que si no conoces a Ghunter, no conoces Tarapoto.

Nos recibió en su enorme casona convertida ahora en hostal pues todos sus hijos se casaron y se mudaron. Nos brindó dos habitaciones con baño é hizo preparar unos piqueos con jamón, paté y encurtidos. Entre cervezas y whiskeys recordamos las campañas anteriores y se comprometió a promover una mas.

La línea aérea nos pidió estar a las 9 pm en el aeropuerto pero el vuelo se postergó hasta las 11 pm. y luego se volvió a postergar hasta las 12 de la noche. ¡¡Por fin llamaron!! ¡Paguen su tasa aeroportuaria y pasen a sala de embarque! ¡El avión prendió motores! …pero media hora mas tarde los volvió a apagar. ¡Lima sigue nublado! ¡Se suspende el vuelo hasta mañana! ¡Mas información a las 7 am.!

¡Los pasajeros procedentes de Iquitos en tránsito hacia Lima serán llevados a un hotel!.... ¿y nosotros?
¡Los pasajeros de Tarapoto esperen que estamos coordinando movilidad. Serán llevados a un hotel!
El personal de la aerolínea desapareció del counter. Llegó comida delivery para ellos.
¿y nosotros?.... Son las 2 de la madrugada. Empezaron los reclamos airados por causa de la desinformación.
¡Esperen que estamos coordinando!
Llegó una 4 x 4 de la policía y los empleados se fugaron.
Nos tocó dormir en las bancas del aeropuerto, pero antes hice una denuncia en la Delegación Policial del aeropuerto por el maltrato y la desinformación de la línea aérea.

Al mediodía del jueves partimos hacia Lima y a la 1 pm estábamos esperando nuestros equipajes. Bajaron los maletines y encomiendas pequeñas pero los instrumentos médicos no aparecen. ¡Señores pasajeros regresen a las 4:30 pm! ¡Debido al retraso de los vuelos, sus equipajes no fueron desembarcados por el apuro y están rumbo al Cuzco! ¡Llegarán a las 4:30 pm!
Tuvimos que almorzar en el aeropuerto del Callao y esperar las maletas.

Hoy me confirmaron que todos los lentes que despaché para Juanjuí, llegaron en buen estado en una bien protegida encomienda, después de 28 horas de viaje desde Lima. El bus toma la carretera Central y sube hasta La Oroya, se desvía hacia el oriente y sigue subiendo hasta las alturas de Cerro de Pasco para iniciar la bajada hasta Huánuco y desde ahí, ya en la amazonía, enfila hacia el norte por la Carretera Marginal de la Selva, siguiendo el curso del río Huallaga pasando por Tingo María, Uchiza y Tocache , hasta llegar a Juanjuí. ¡Tarea cumplida!